viernes, 25 de septiembre de 2026

Conquista de México: La batalla de Otumba

La batalla de Otumba

 

La batalla de Otumba ocurrió en el marco de la Conquista de México alrededor del 8 de julio de 1520 y en la misma se enfrentaron fuerzas mexicas encabezadas por Cihuacóatl Matlatzincántzin y las de Hernán Cortés compuestas por tropas españolas y sus aliados tlaxcaltecas. Otumba fue la última oportunidad que tuvieron los mexicas para derrotar a los españoles, sin embargo, eso no ocurrió y las fuerzas de Cortés obtuvieron la victoria, aunque contaban con extrema inferioridad numérica. 




La caballería castellana fue la clave de la batalla ya que los aztecas nunca se habían enfrentado a un ataque de tropas montadas y entraron en pánico al ver el avance de las mismas. 
Mientras esto ocurría, Cortés pudo divisar a lo lejos a Cihuacóatl, el caudillo de los mexicas, y sin perder tiempo realizó una carga en conjunto con otros jinetes españoles contra el líder azteca logrando matarlo. Los guerreros mexicas al ver a,su caudillo muerto, rompieron filas y comenzaron a combatir desorganizadamente lo cual combinado con la superioridad tecnológico-armamentística de los españoles produjo la victoria para estos últimos.
Como resultado de esta victoria, las fuerzas de Cortés pudieron alcanzar el refugio de Tlaxcala donde se reagruparon y reforzaron para realizar un eventual contraataque en lo profundo de territorio azteca que resultó en la caída de Tenochtitlan y la fundación de la Nueva España. 

jueves, 24 de septiembre de 2026

URSS: La venganza de Andropov

 

El juramento del padre

Un drama soviético sobre el poder, el silencio y la Guerra Fría

Moscú, primavera de 1975.

La capital soviética vivía envuelta en una calma artificial. En las avenidas flameaban banderas rojas, los altoparlantes repetían consignas sobre la unidad del pueblo y los diarios celebraban, una vez más, los triunfos inevitables del socialismo.

Pero detrás de las fachadas monumentales, de los retratos de Lenin y de los desfiles perfectamente coreografiados, la ciudad respiraba miedo.

En una sola noche desaparecieron tres jóvenes.

Alexéi Krímov, de veintitrés años, hijo de un influyente funcionario del Partido. Víktor Bélov, de veinticinco, ingeniero y promesa de la industria soviética. E Ígor Savin, de veinticuatro, periodista ambicioso, convencido de que algún día escribiría artículos que llegarían hasta el Kremlin.

Los tres se esfumaron sin dejar rastros.

En el departamento de Krímov quedó una taza de té frío junto a una carta inconclusa. En la habitación de Bélov, una camisa todavía colgaba del respaldo de una silla. En el escritorio de Savin permanecía abierta una libreta con nombres, fechas y anotaciones cifradas.

La milicia hizo preguntas rutinarias. Los vecinos bajaron la voz. Las familias recibieron respuestas vagas.

Tal vez habían escapado.

Tal vez habían desertado.

Tal vez los había reclutado alguna oficina secreta del Estado.

En Moscú, cuando alguien desaparecía, la verdad siempre tenía demasiadas puertas cerradas.

Sin embargo, en los corredores de la Lubianka, sede del Comité para la Seguridad del Estado, nadie tenía dudas.

El KGB sabía exactamente qué había ocurrido.

Los tres jóvenes habían atacado a una estudiante de la Universidad Estatal de Moscú llamada Svetlana Sokolova.

No era una estudiante cualquiera.

Aunque ella misma lo ignoraba, Svetlana era hija de Yuri Vladímirovich Andrópov, presidente del KGB y uno de los hombres más poderosos de la Unión Soviética.

En el aparato comunista, el poder no necesitaba presentarse ante un tribunal. No tenía que explicar sus decisiones ni rendir cuentas. Se movía detrás de puertas acolchadas, dentro de sobres sin membrete y a través de llamadas que nadie se atrevía a registrar.

Cuando Andrópov recibió el informe, lo leyó sin decir una palabra.

Se quitó los anteojos.

Los dejó cuidadosamente sobre el escritorio.

Afuera nevaba sobre las murallas del Kremlin, aunque la primavera ya había comenzado. Adentro, el aire parecía inmóvil.

—Encuéntrenlos antes del amanecer —ordenó—. Ningún juicio. Ningún expediente público.

El coronel que estaba frente a él esperó unos segundos.

—¿Qué procedimiento debemos aplicar, camarada presidente?

Andrópov volvió a ponerse los anteojos.

—Desaparición administrativa.

En el lenguaje del KGB, aquellas palabras no eran una metáfora.

Significaban borrar a una persona de los registros, de los archivos, de los recuerdos oficiales. Convertir una vida en una ausencia imposible de demostrar.

El Estado soviético sabía encarcelar, deportar y ejecutar.

Pero su habilidad más temida era otra: sabía hacer que alguien nunca hubiera existido.

La hija secreta

La historia había comenzado muchos años antes, en 1953, cuando Stalin acababa de morir y Moscú estaba atravesada por rumores de conspiraciones, purgas y traiciones.

Andrópov, todavía un funcionario en ascenso, había conocido a María Sokolova, esposa de Nikolái Sokolov, un veterano condecorado de la guerra contra Alemania.

La relación entre ambos debía permanecer oculta.

En una sociedad donde el Partido vigilaba incluso la vida privada de sus dirigentes, reconocer un adulterio podía destruir una carrera. Mucho más si ese vínculo amenazaba con convertirse en un escándalo dentro de la burocracia comunista.

Cuando María quedó embarazada, Andrópov tomó una decisión.

La niña llevaría el apellido Sokolova.

Nikolái sería legalmente su padre.

El Estado conservaría el secreto.

Svetlana creció creyendo que era hija de un héroe de guerra. Vivió en un departamento modesto, estudió, participó en organizaciones juveniles y aprendió a repetir las consignas que todo ciudadano soviético debía conocer.

Nunca supo que hombres del KGB informaban periódicamente sobre sus estudios, amistades y movimientos.

Nunca supo que, desde la distancia, uno de los jefes del sistema observaba su vida como si fuera un expediente confidencial.

Andrópov no podía reconocerla.

Tampoco podía olvidarla.

Los hijos de la nomenklatura

Krímov, Bélov y Savin pertenecían a una generación criada bajo el amparo de la élite soviética.

Sus padres ocupaban cargos, administraban fábricas, firmaban permisos y decidían quién obtenía un departamento, un automóvil o un puesto privilegiado.

En teoría, la Unión Soviética era una sociedad sin clases.

En la práctica, los hijos de la nomenklatura sabían que algunas puertas se abrían para ellos y permanecían cerradas para los demás.

Krímov creía que el apellido de su padre lo protegía.

Bélov confiaba en su futuro dentro de la industria estatal.

Savin, el periodista, se consideraba más inteligente que todos. Había investigado el pasado de Svetlana y descubierto indicios sobre su verdadera identidad.

Pensó que ese secreto era su garantía.

Estaba convencido de que Andrópov jamás permitiría que se conociera la existencia de una hija no reconocida. Creía que el jefe del KGB preferiría guardar silencio antes que provocar un escándalo dentro del Partido.

Confundió el miedo al escándalo con debilidad.

En la Unión Soviética, los secretos no limitaban el poder.

Lo alimentaban.

La operación

El operativo comenzó antes del amanecer.

Krímov salió a correr por el parque Sokólniki, como hacía todas las mañanas. Dos hombres vestidos con ropa deportiva lo siguieron durante varias cuadras.

Un vehículo sin identificación esperaba junto a una entrada lateral.

Nadie escuchó un disparo.

Nadie vio una detención.

Cuando un jardinero pasó por el lugar, sólo encontró huellas sobre el barro y una bufanda abandonada junto a un banco.

Bélov fue interceptado al salir de la planta donde trabajaba. Un automóvil oficial se detuvo a su lado. Uno de los agentes le mostró una credencial.

—Debe acompañarnos para responder unas preguntas.

Bélov no se resistió. En la Unión Soviética, resistirse a una credencial del Estado equivalía a declararse culpable.

Savin fue el último.

Lo encontraron en un club de jazz del Arbat, rodeado de humo, música extranjera y conversaciones en voz baja. Durante años había escrito artículos contra la decadencia occidental, pero admiraba los discos norteamericanos que circulaban clandestinamente por Moscú.

Los agentes lo sacaron por una puerta trasera.

En la Lubianka fue interrogado durante horas.

Savin intentó negociar.

Habló de nombres, documentos y funcionarios. Prometió revelar redes de corrupción y contactos con diplomáticos extranjeros. Dijo que poseía información capaz de comprometer a miembros del Comité Central.

Los interrogadores escucharon sin interrumpirlo.

En plena Guerra Fría, cualquier acusación de espionaje podía condenar a un hombre. Pero Savin no comprendía que ya no estaba siendo interrogado para obtener información.

Estaba siendo interrogado para completar un archivo que luego sería destruido.

Setenta y dos horas después, los tres habían desaparecido.

Las mentiras oficiales

A cada familia le dieron una explicación diferente.

A los padres de Krímov les dijeron que su hijo había sido enviado a Norilsk para participar en un proyecto industrial reservado.

A la familia de Bélov le informaron que había sido trasladado a una ciudad cerrada, donde trabajaría en tecnología militar.

Sobre Savin circuló otra versión: habría huido hacia Occidente después de contactar a una embajada extranjera.

Las historias eran contradictorias.

Pero en el sistema soviético, una contradicción oficial no debilitaba la mentira. La hacía más difícil de investigar.

Los familiares presentaron pedidos, escribieron cartas y esperaron respuestas.

Los funcionarios prometieron averiguar.

Los expedientes pasaron de una oficina a otra.

Cada sello agregaba una nueva capa de silencio.

Con el tiempo, las familias comprendieron que insistir podía resultar peligroso. Preguntar demasiado podía convertir a un padre, una madre o un hermano en sospechoso de actividades antisoviéticas.

Así funcionaba el miedo: primero desaparecía una persona; después, el resto aprendía a no pronunciar su nombre.

Svetlana

Svetlana sobrevivió al ataque, pero no recuperó su libertad.

Después de los hechos, un funcionario le reveló parcialmente la verdad sobre su origen. No le dio explicaciones completas. No pronunció palabras como “hija” ni “padre”.

Sólo le dijo:

—El camarada Andrópov ha asumido personalmente la responsabilidad de su seguridad.

Desde ese momento, Svetlana comprendió que había dejado de ser una estudiante común.

La acompañaban hombres que fingían leer diarios en los cafés. Sus llamadas telefónicas producían ecos extraños. Algunas cartas nunca llegaban a destino. Ciertos amigos dejaron de visitarla después de recibir advertencias anónimas.

Sus atacantes habían desaparecido.

Pero también había desaparecido una parte de su propia vida.

No podía denunciar.

No podía preguntar.

No podía contarle a nadie quién era realmente su padre.

El mismo Estado que la había protegido la había convertido en prisionera de su secreto.

Andrópov había castigado a los responsables, pero no había buscado justicia.

Había usado el aparato represivo del comunismo para resolver una tragedia personal.

En lugar de un proceso, hubo órdenes.

En lugar de pruebas, hubo expedientes cerrados.

En lugar de condenas, hubo desapariciones.

El ascenso de Andrópov

Mientras las familias esperaban noticias que nunca llegarían, la carrera de Andrópov continuó.

Su influencia creció dentro del Partido Comunista. Bajo su dirección, el KGB persiguió disidentes, vigiló escritores, internó opositores en hospitales psiquiátricos y combatió cualquier señal de desafío al régimen.

En Occidente, los servicios de inteligencia estudiaban cada uno de sus movimientos. Washington veía en él a un estratega frío. Londres lo consideraba uno de los hombres más peligrosos del bloque soviético.

Dentro de la URSS, pocos se atrevían a mencionarlo sin bajar la voz.

En los años siguientes, la Guerra Fría entró en una nueva etapa de tensión. Misiles, agentes dobles, guerras indirectas y operaciones clandestinas mantenían al mundo al borde de una catástrofe nuclear.

Andrópov llegó finalmente a la conducción del Partido Comunista.

Para entonces, el caso de los tres jóvenes había sido enterrado bajo toneladas de burocracia.

Las fichas desaparecieron de los archivos.

Las fotografías fueron retiradas.

Los nombres dejaron de aparecer en registros universitarios y laborales.

El Estado no sólo había eliminado a tres hombres.

Había eliminado las pruebas de su eliminación.

El derrumbe

A fines de los años ochenta, la Unión Soviética comenzó a resquebrajarse.

Las consignas ya no alcanzaban para ocultar la escasez, la corrupción y el agotamiento del sistema. Los archivos empezaron a abrirse. Viejos funcionarios hablaron. Antiguos presos regresaron. Familias enteras comenzaron a preguntar por los desaparecidos de décadas anteriores.

En 1991 cayó la bandera roja sobre el Kremlin.

El país que había prometido construir una sociedad nueva se desintegró entre golpes de Estado, crisis económicas y documentos secretos.

Sin embargo, no todos los archivos fueron encontrados.

Algunos habían sido quemados.

Otros habían sido modificados.

Muchos continuaron ocultos en depósitos controlados por hombres formados en el antiguo aparato de seguridad.

El supuesto expediente conocido como “Operación Justicia” nunca apareció completo.

Sólo quedaron versiones, testimonios contradictorios y rumores transmitidos por antiguos agentes.

Para algunos, la historia era una invención nacida durante los últimos años de la Unión Soviética.

Para otros, era la prueba perfecta de cómo había funcionado el régimen: un sistema en el cual la verdad dependía de quién controlaba los archivos.

Svetlana guardó silencio durante el resto de su vida.

Las familias de Krímov, Bélov y Savin murieron sin obtener respuestas.

Y Moscú continuó levantándose cada mañana sobre sus propios secretos.

Epílogo

Aquella historia no trataba solamente sobre la venganza de un padre.

Trataba sobre una forma de poder que no reconocía límites entre el Estado y la vida privada.

Andrópov pudo creer que estaba protegiendo a su hija. Sin embargo, al ordenar la desaparición de tres hombres, convirtió su dolor personal en una decisión política y al aparato soviético en un instrumento de venganza.

Los responsables del ataque no enfrentaron un tribunal.

Svetlana no recibió justicia.

Las familias no conocieron la verdad.

Todos quedaron atrapados en una maquinaria construida para preservar al Partido, aun cuando eso exigiera deformar la realidad.

En la lógica de la Guerra Fría, cada secreto podía convertirse en un arma.

En la lógica del comunismo autoritario, el Estado decidía qué había sucedido, quién era culpable y qué vidas merecían ser recordadas.

No había preguntas.

No había juicio.

No había misericordia.

Sólo quedaba el silencio de los archivos y la certeza de que, cuando el poder controla la memoria, también puede intentar borrar la verdad.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Crisis del Beagle: Relatos de la vida de conscriptos chilenos

Ex conscriptos de 1978 relatan cómo vivieron el conflicto del Beagle

Un grupo de jóvenes fue trasladado al sur de Chile para defender la frontera del país de una invasión argentina que nunca llegó.
Diario El Día



Hoy rondan los 60 años, pero hace 40 años atrás, cuando apenas abandonaban la adolescencia, jóvenes conscriptos del entonces Regimiento “Arica” de La Serena fueron trasladados al sur del país para defender la soberanía chilena de una probable invasión argentina, en lo que se denominó el Conflicto del Beagle.

En la actualidad, los ex conscriptos del año 1978 anhelan que sus esfuerzos sean reconocidos por la sociedad y el Estado. Advierten que, de alguna forma, se sienten olvidados.

Un viaje inesperado

Segundo Tello, Humberto Lazo, Héctor Rojas, Víctor Echeverría, Mario Mendieta y Ricardo Prado son parte de un grupo de 37 jóvenes que hacían su Servicio Militar en el Regimiento Arica de La Serena a fines de los 70.

En 1978, Chile estaba enfrentado en un conflicto político con Argentina por la traza de la boca oriental del Canal Beagle. Un conflicto que sólo años después se hizo público en nuestro país en su total dimensión y que hasta el día de hoy ha sido poco conocido, y que el director Alex Bowen recreó muy bien en la película “Mi Mejor Enemigo” el año 2005.

Víctor Echeverría cuenta que durante su período de instrucción sabían que serían destinados a Arica, pero por filtraciones de otros soldados se enteraron de los cambios de planes y que viajarían a Punta Arenas. Algo en lo que coincide Mario Mendieta, quien señala que gracias a su padrino, que era suboficial mayor, se enteró que su destino serían las tierras australes.

“Me fui algo abrigado y con zapatos mocasines que se usaban en la época, y allá dábamos la hora porque era un clima distinto”, recuerda.

Héctor Rojas, recrea que el viaje se hizo bajo el amparo de la noche. “Todo el traslado nuestro fue nocturno, sin que la población se diera cuenta, en buses con cortinas cerradas, con el avión de Santiago a Punta Arenas despegando a las 2 de la madrugada y después llegamos al regimiento”.

Mendieta agrega que una vez que llegaron a Punta Arenas se juntaron. Un paso inicial en una relación fraternal que ha persistido en el tiempo. “Éramos 37, teníamos un capitán que nos mandó a todos al Regimiento Caupolicán. De ahí nos derivaron”.

Rojas enfatiza en que fueron días difíciles, “con soldados provenientes de distintos puntos del país, con hambre. Habían soldados que comíamos dos o tres de un mismo plato, dos cucharadas uno y luego dos cucharadas otro, realmente la pasábamos mal”. Después vinieron las designaciones.

Estadía y La última cena

De su estadía, Segundo Tello dice que nunca supieron a lo que iban. “Cuando llegamos nos encontramos con una realidad caótica, porque, primero, no teníamos ni siquiera un lugar dónde dormir. Durante un tiempo, dormimos en las galerías del estadio del regimiento y había militares por todos lados de la ciudad”, expresa.

Tiempo después, los conscriptos fueron distribuidos en distintos puntos de la frontera. “A mí me correspondió estar en una compañía de comandos en el Regimiento de Blindados Número 5 de Punta Arenas y luego, en terreno, en la frontera. Fui destinado a los alrededores de las cuevas de Pali-Aike en Punta Arenas, donde ya andamos de civil, de guerrillero: patilludos y con una ametralladora debajo del poncho”.

En los recorridos por la frontera, los conscriptos chilenos se encontraban con sus “colegas” argentinos. “Con ellos conversábamos y nos decían que tenían hambre y ganas de fumar. Nosotros lo único que teníamos era cigarrillos y les regalábamos”, asegura Segundo Tello, quien añade que “nos preguntamos mutuamente cuánto tiempo tenían allí, cuántas veces eran abastecidos o si tenían agua en forma permanente”, agrega.

Héctor Rojas recuerda que en esa época vivían prácticamente bajo tierra, “estábamos en una trinchera, durmiendo y comiendo allí”. En su caso, “éramos una especie de grupo de avanzada, éramos grupos de ocho, éramos el grupo de choque, barba, bigote, con guantes, bien desastrosos y más parecíamos mercenarios que soldados”.

Mario Mendieta, en tanto, fue destinado  al área de telecomunicaciones, en que le tocó interceptar mensajes y conocer más de la estrategia de los argentinos. Ahí se enteró de que por las noches los trasandinos hacían simulacros “en que se preparaban para el conflicto”.

Todos recuerdan la escasa comunicación que tuvieron con sus parientes, que atribuyen al reguardo dada las circunstancias.

“No teníamos televisor, celular como se usa ahora. Estábamos aislados y leíamos las cartas si es que llegaban, porque supe después que las quemaban. Hubiera sido bueno haberlas guardado porque estábamos in situ”, dice.

Lazo, señala que entre los efectos de la prolongada estadía en las trincheras, los conscriptos perdieron la noción del tiempo con el transcurso de los meses. “No sabíamos en qué día estábamos viviendo. Si era lunes o martes, daba lo mismo, sólo veíamos pasar las horas”.

Uno de los hechos que marcaron a estos exuniformados fue lo que se denominó la última cena.


“Me acuerdo de una navidad, el 19 de diciembre de 1978 fue el tiempo más crítico entre Chile y Argentina, a nosotros nos hicieron firmar un documento el cual podíamos enviar algo a nuestra familia, nos dieron la última cena, en que nos entregaron un escapulario. Era triste, llegaba la Navidad y nos dieron una bolsa con medio pollo, medio cartón de cigarros y caramelos, media botella de ron, y hacíamos té caliente, lo poníamos en el hielo para tomarlo como una bebida”.

Humberto Lazo cuenta que “en ese momento, nos pasaron un medalla de guerra para que en  caso de falleciéramos en combate, fuéramos reconocidos”.

Para Ricardo Prado, en tanto, como parte de la Unidad de Ingenieros, encargada de dinamitar puentes, plantar minas, repeler con bombas, ese diciembre le correspondió esperar en la avanzada. “Cuando estaban avanzando, lo único que faltó es que pasara un camión y se iniciara el combate”, dice.

Gracias a la mediación del Papa Juan Pablo II, un 24 de diciembre de 1978 se inició un diálogo que permitió que la guerra no se concretara. “Ese día comenzamos a respirar más tranquilos porque podíamos volver a nuestros hogares”, dice Lazo, quien había dejado a su polola en La Serena y con quien a su regreso, contrajo matrimonio.

El regreso tampoco fue una nota alegre para todos. Cuenta  Echeverría que fue  uno de los últimos en volver debido a las condiciones climáticas. “Cuando se mejoró el tiempo cruzó la barcaza y nos encontramos con la gente de Puerto Natales y nos dejaron en Santiago botados”, dice.

Relata que quedó a la deriva y que gracias a un compañero que tenía familia en Santiago permaneció en la capital por cerca de una semana, en un hecho que le parece increíble. “Me quedé una semana en Santiago y mi familia me estaba esperando”.

Los soldados desconocidos

La mayor parte de los exconscriptos coinciden que las circunstancias les forjó lazos especiales, pero Héctor Rojas enfatiza es el desinterés y poca empatía hacia quienes vivieron estos hechos.

Rojas, que se casó con una mujer argentina y tiene hijos de esa nacionalidad, señala que sabe que en Argentina a los soldados que estuvieron en el conflicto “salieron como excombatientes y con una jubilación”.

“Acá hemos tratado de pelear por algo como eso, que algo se recuerde.  Acá a todos se recuerda: se cayó alguien a un hoyo, lo sacan y lo recuerdan. A nosotros nadie nos recuerda a menos que hagamos este tipo de cosas para que sepan lo que realmente pasamos”, dice.

Rojas agrega que “como hombres y niños lloramos nuestras lágrimas porque estábamos lejos de la familia. Cada vez que nos juntamos es una alegría y una tristeza también, porque cuando un compañero se muere, nadie sabe directamente nada. Es bueno que la gente se recuerde que nosotros aunque fuera inconscientemente estábamos para defender un país y creo que es importante”.

Reconocimiento

Humberto Lazo es actualmente funcionario de la municipalidad de La Serena y en septiembre del 2017 fue invitado por el regimiento “Caupolicán” de Punta Arenas, para recibir una medalla por su participación en el conflicto por el canal Beagle.

Lazo indica que la unidad militar puntarenense cumplirá 50 años de existencia en abril del año 2019 y como una forma de homenajear a los jóvenes chilenos que se sumaron a las filas del Ejército para defender al país en el marco del Conflicto del Beagle, realizará un homenaje a los ex conscriptos.

Lazo reconoce que “la mayoría de quienes tenían 18 años en esa época no han regresado al sur, a esas tierras donde pasamos momentos muy difíciles y donde vivimos tristezas y alegrías, donde nos convertimos en camaradas”.

“Después de 40 años tendremos la oportunidad de recorrer nuevamente los lugares donde estuvimos desplegados (...) Para nosotros es un orgullo haber defendido nuestra  soberanía”, agrega.

 

martes, 22 de septiembre de 2026

Malvinas: La ayuda de Cabo Verde a Argentina

La audacia de una nación pequeña ante un conflicto gigante


Durante la Guerra de Malvinas, el Reino Unido enfrentó un desafío logístico enorme: Debía sostener una fuerza militar a miles de kilómetros de su territorio. La campaña británica dependió de rutas aéreas y marítimas extensas, con un rol central de la isla Ascensión, territorio británico en el Atlántico medio, utilizada como base de apoyo para aviones Hércules, buques y operaciones de reabastecimiento.




También eligieron como alternativa la pista ubicada en la Isla de Sal a lo cual Cabo Verde le negó al Reino Unido el uso del aeropuerto posición que fue interpretada como un gesto de respaldo político hacia la Argentina y como una señal de autonomía frente a las presiones de las potencias occidentales.

Por qué el aeropuerto de Sal era estratégico para Reino Unido

El Aeropuerto Internacional Amílcar Cabral, ubicado en la isla de Sal, no era un punto cualquiera en el mapa. Desde mediados del siglo XX, la terminal aérea caboverdiana fue utilizada como escala de larga distancia por distintas compañías internacionales debido a su posición privilegiada en el Atlántico. Incluso, su pista principal cuenta con unos 3.000 metros, una extensión clave para operaciones de largo radio.

En ese contexto, Sal aparecía como una alternativa geográfica de enorme valor. Su cercanía relativa a las rutas del Atlántico y su infraestructura aeroportuaria podían facilitar escalas, reabastecimiento o apoyo logístico. Por eso, la negativa de Cabo Verde a habilitar ese uso tuvo una lectura política que excedió lo estrictamente operativo.

Un pequeño país africano frente a una potencia mundial

Cabo Verde era entonces un Estado joven. Había alcanzado su independencia de Portugal el 5 de julio de 1975, apenas siete años antes del conflicto de Malvinas. Su identidad política estaba atravesada por el proceso de descolonización africana y por la figura de Amílcar Cabral, líder independentista que dio nombre al aeropuerto de Sal y se convirtió en símbolo de la lucha anticolonial en África occidental.

Por eso, la posición de Cabo Verde fue leída como parte de una sensibilidad política más amplia: La de los países recientemente independizados que miraban con desconfianza las estructuras coloniales heredadas del siglo XIX.

Malvinas, África y la diplomacia del Atlántico Sur

El episodio de Sal permite mirar la Guerra de Malvinas desde una perspectiva menos habitual: no solo como un conflicto militar entre Argentina y Reino Unido, sino también como una disputa que atravesó al Atlántico Sur, África occidental y el tablero diplomático.

La negativa caboverdiana al uso del aeropuerto de Sal, en ese marco, tuvo valor diplomático si bien en si modificó por sí sola el resultado de la guerra, pero sí mostró que la posición internacional frente al conflicto no era monolítica.

El antecedente de 1982 que conecta con el presente,

Con el paso de los años, el aeropuerto de Sal volvió a quedar vinculado a las rutas británicas hacia las Malvinas. Décadas después de la guerra, el puente aéreo entre el Reino Unido y las islas utilizó Cabo Verde como escala de reabastecimiento cuando la pista de Ascensión presentó problemas operativos. En 2017, el Ministerio de Defensa británico confirmó que los vuelos del South Atlantic Airbridge pasarían por Sal, Cabo Verde, debido al estado de la pista en Ascensión.

Ese dato actualiza la importancia estratégica de Sal y refuerza el interés histórico del antecedente de 1982. Lo que en plena guerra fue un gesto político de distancia frente al Reino Unido, décadas más tarde se transformó en una ruta funcional para el puente aéreo británico hacia Mount Pleasant, la base construida en Malvinas después del conflicto. A más de cuatro décadas de la guerra, el episodio vuelve a iluminar una pregunta clave: Cómo los países pequeños, incluso con recursos limitados, pueden tomar decisiones de alto impacto simbólico frente a las grandes potencias.

En 1982, Cabo Verde lo hizo desde un lugar estratégico y político. Y para la Argentina, esa negativa al Reino Unido quedó como un antecedente que merece ser recordado dentro de la historia diplomática de Malvinas.

Por: Yasmin Ali-Redactora sobre historia argentina y curiosidades de Buenos Aires
(Canal 26)

Yapa: Paradoja histórica posterior-. Declaraciones en la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZCPAS)

  • Aunque este organismo transatlántico fue creado formalmente unos años después (en 1986 mediante la Resolución 41/11 de la ONU), el antecedente documental del accionar de Cabo Verde en 1982 quedó ratificado en las sucesivas declaraciones ministeriales de la ZCPAS (como la cumbre de Mindelo). En estas actas oficiales, los Estados miembros —incluido Cabo Verde— han refrendado históricamente su apoyo a la posición argentina y su rechazo a la presencia o expansión militar británica en las aguas compartidas del Atlántico Sur.


Diarios y Boletines Oficiales del Estado de Cabo Verde,

En los registros hemerográficos estatales de mediados de 1982 se encuentran las comunicaciones públicas de la administración caboverdiana reafirmando su estricta neutralidad militar. Esta "Neutralidad" operó en la práctica como un bloqueo logístico decisivo para la Real Fuerza Aérea (RAF), que se vio obligada a desviar y saturar la operación en la Isla Ascensión como única alternativa viable en esa ruta.

Este "Portazo" diplomático ha sido rescatado de los archivos históricos en análisis recientes sobre la diplomacia de África Occidental y la geopolítica de Malvinas, es por eso que Cabo Verde para los argentinos debe ser recordado como …….


lunes, 21 de septiembre de 2026

Guerras de Flandes: El sitio de Ostende

El sitio de Ostende 




Durante el sitio de Ostende, las fuerzas españolas emprendieron la conquista de este estratégico puerto, considerado el último gran enclave protestante de Flandes bajo control de las Provincias Unidas. El asedio se prolongó durante más de tres años, desde julio de 1601 hasta septiembre de 1604, y se convirtió en uno de los episodios más prolongados y sangrientos de la Guerra de los Ochenta Años. La extraordinaria duración de las operaciones, la intensidad de los combates y el elevado número de bajas hicieron que Ostende fuera conocida entre sus contemporáneos como la «Nueva Troya».

El 5 de julio de 1601, un ejército español de aproximadamente 20.000 hombres inició formalmente el sitio de la ciudad, cuya guarnición estaba integrada por unos 3.500 efectivos. Durante el invierno de 1601, las enfermedades, el agotamiento y las bajas debilitaron considerablemente a los defensores. Con el propósito de retrasar un ataque español que parecía inminente y ganar tiempo para la llegada de refuerzos por vía marítima, los sitiados negociaron una tregua temporal. Los holandeses aprovecharon esta interrupción de las hostilidades para desembarcar alrededor de 1.200 soldados adicionales.

Cuando las fuerzas españolas lanzaron un asalto general el 7 de enero de 1602, fueron rechazadas después de intensos combates. Para marzo de ese mismo año, la guarnición anglo-holandesa había aumentado hasta alcanzar aproximadamente los 7.000 hombres, mientras que los suministros y refuerzos continuaban llegando con relativa regularidad por mar. Esta capacidad de abastecimiento permitió que la plaza resistiera durante un período mucho más prolongado de lo previsto inicialmente por los sitiadores.

La situación comenzó a modificarse de manera significativa en septiembre de 1602, cuando Ambrosio Spínola asumió la dirección de las operaciones españolas. El nuevo comandante llegó a los Países Bajos acompañado por unos 9.000 soldados de refuerzo y reorganizó el asedio mediante una estrategia sistemática de aproximación, desgaste y destrucción progresiva de las fortificaciones enemigas.

Bajo la dirección de Spínola, los ingenieros italianos al servicio de la Monarquía Hispánica recurrieron extensamente a la construcción de trincheras, terraplenes y galerías subterráneas, así como al empleo de minas destinadas a destruir las defensas de Ostende. Los defensores fueron obligados a retroceder lentamente, en medio de violentas y costosas escaramuzas libradas en las trincheras, fortificaciones y terrenos inundados que rodeaban la ciudad.

Entretanto, las fuerzas de las Provincias Unidas habían obtenido importantes avances estratégicos en otros sectores de los Países Bajos españoles. Ante el creciente coste humano de la defensa de Ostende, Mauricio de Nassau consideró que la plaza ya había cumplido su función militar y que no debía ocasionar nuevas pérdidas innecesarias. La resistencia de la ciudad había inmovilizado durante años a una parte considerable del ejército español, facilitando las operaciones neerlandesas en otros frentes.

Reducida en gran medida a ruinas después de más de tres años de sitio, Ostende capituló finalmente el 22 de septiembre de 1604. Ambrosio Spínola entró triunfalmente en la ciudad y concedió a los defensores condiciones honorables de rendición: la guarnición pudo retirarse sin sufrir represalias, conservando sus armas y recibiendo los honores militares correspondientes. La victoria otorgó a Spínola un enorme prestigio, aunque la conquista se había obtenido a costa de extraordinarias pérdidas humanas y materiales.

viernes, 18 de septiembre de 2026

USA: La teoría para convencer a las masas de no rebelarse

La Productividad Marginal de la Mentira





En 1879, JP Morgan le pagó a un tipo para que inventara la mentira que está en la base de la economía moderna.

Un multimillonario que ayudó a lanzar Amazon acaba de exponer todo el asunto en *Diary of a CEO*, y cuando escuches esto no vas a volver a mirar un recibo de sueldo de la misma manera:

Hace 146 años, un tipo llamado Henry George escribió un libro titulado *Progress and Poverty*.

Fue el primer libro masivo sobre cómo los ricos les robaban sistemáticamente a los pobres, y literalmente se convirtió en el libro más vendido en la historia de los Estados Unidos en ese momento.

La clase trabajadora lo leía por todas partes, y la gente que estaba en la cima de la economía perdió completamente la cabeza.

Entonces JP Morgan llevó personalmente a un hombre llamado John Bates Clark a la Universidad de Columbia, que era básicamente la sede intelectual de Wall Street, y le dijo que arreglara el problema.

Clark escribió un libro llamado *The Distribution of Wealth*. En él inventó algo llamado “teoría de la productividad marginal”, que sostiene que, como los mercados son perfectamente eficientes, la cantidad de dinero que ganás refleja EXACTAMENTE el valor que aportás a la economía.

Si ganás 15.000 dólares al año, es porque aportás 15.000 dólares de valor. Si un administrador de un hedge fund gana 500 millones de dólares al año moviendo plata de un lado a otro, eso sería un reflejo exacto del valor que crea en el mundo.

Y Clark literalmente dijo en voz alta lo que nadie quería decir, EN SU PROPIO LIBRO.

Escribió que tenían que demostrarles a los trabajadores que, sin importar cuánto ganaran, fuera poco o mucho, eso reflejaba con precisión su valor, porque si los trabajadores alguna vez llegaban a la conclusión de que su trabajo valía más de lo que les estaban pagando, se rebelarían y destruirían todo el sistema.

Ese era el punto central. La teoría fue construida para evitar una revolución.

Y funcionó tan bien que terminó absorbida por la economía dominante y TODAVÍA hoy se enseña como un principio fundamental.

Cada vez que un CEO te dice “el mercado decide tu salario”, está repitiendo un marco conceptual que fue literalmente encargado por JP Morgan en el siglo XIX para convencerte de que no pidieras más.

Nick Hanauer, el multimillonario que contó esta historia, también compartió los números que muestran por qué esto importa ahora mismo:

El trabajador mediano de tiempo completo en Estados Unidos gana alrededor de 60.000 dólares al año. Si ese mismo trabajador hubiera mantenido la misma participación en el PBI que tenía en 1975, no estaría ganando 60.000 dólares. Estaría ganando 120.000. Esa brecha llega hasta el percentil 90. Si hoy ganás 180.000 dólares, con la vieja distribución estarías ganando 250.000.

Las ÚNICAS personas que se beneficiaron de 50 años de crecimiento económico fueron el 10% de arriba, y la enorme mayoría de eso fue al 1% más rico. Son billones de dólares cada año que antes eran salarios de trabajadores comunes y ahora están en las cuentas de las personas más ricas del planeta.

Esto pasó por decisiones de política económica. Rebajas impositivas para los ricos, desregulación para los poderosos y contención salarial para todos los demás, todo justificado por una teoría económica inventada específicamente para hacerte creer que merecés exactamente lo que estás recibiendo.

Y lo más delirante es que las tasas de crecimiento del PBI en Estados Unidos fueron del 4 al 4,5% durante décadas, cuando los trabajadores estaban incluidos en la prosperidad. Apenas los neoliberales tomaron el control a mediados de la década de 1970 e implementaron estas políticas, el crecimiento del PBI cayó al 3% y finalmente al 2%.

Incluir a la gente en la economía no frena el crecimiento. Es literalmente lo que CREA crecimiento. Y la teoría que convenció al mundo de lo contrario fue una operación financiada por uno de los hombres más ricos de la historia para mantener callados a los trabajadores.

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jueves, 17 de septiembre de 2026

Patagonia: Copamiento de los sindicatos por parte del anarquismo

miércoles, 16 de septiembre de 2026

SGM: Canibalismo y torturas en el Pacífico

La cruenta y salvaje guerra en el Pacífico






1️⃣ "Los cerdos blancos".. Así es como los oficiales del ejército japonés llamaban a los prisioneros de guerra de la Segunda Guerra Mundial antes de cocinarlos y comérselos! El canibalismo en el ejército imperial japonés no era un comportamiento aleatorio, sino que en muchas ocasiones era sistemático y un ritual sádico de venganza. 👇👇

⭕️ En el incidente de la isla "Chichi Jima", no se trataba de una escasez de provisiones; sino que el general "Yoshio Tachibana" ejecutó deliberadamente a prisioneros de guerra estadounidenses, y ordenó a sus médicos militares que extirparan sus hígados y partes de su carne para cocinarlos y servirlos en un banquete oficial atroz para los altos oficiales, con el fin de fortalecer lo que él llamó "el espíritu combativo".

⭕️ Las confesiones documentadas en los juicios de "Guam" en 1946 revelaron detalles escalofriantes; donde los oficiales japoneses (como el mayor Matoba) testificaron que consumieron carne humana hervida con verduras "daikon" y salsa de soja, considerando el consumo completo de los cuerpos de los enemigos como el punto culminante de su humillación y control sobre ellos.

⭕️ En Nueva Guinea y Papúa, el asunto se convirtió en un comportamiento diario terrorífico; en lugar de limitarse a comer a los muertos, las unidades japonesas aisladas formaron "equipos de caza" para rastrear a prisioneros de guerra y habitantes de aldeas locales, matarlos a sangre fría con el propósito de alimentarse, y extirpar las mejores partes de la carne de las víctimas mientras estaban vivas para mantenerlas frescas.

⭕️ El impacto psicológico más grande radicó en obligar a los líderes militares a que todos los soldados bajo su mando (incluso los que se negaban) consumieran carne humana como un ritual obligatorio; y el objetivo psicológico era romper el freno moral e involucrar a todos en el crimen juntos, para garantizar la lucha hasta la muerte y nunca rendirse a los enemigos.

⭕️ Y cuando las fuerzas australianas y estadounidenses entraron en los escondites de los japoneses, los fotógrafos militares documentaron pruebas criminales aterradoras de utensilios de cocina que contenían restos humanos cortados con precisión; pero los gobiernos impusieron una censura estricta y prohibieron la publicación de estas imágenes durante décadas para proteger los sentimientos de las familias de las víctimas del horror del shock.

⭕️ Y la paradoja legal impactante es que la justicia internacional no encontró en ese momento un artículo explícito que criminalizara el "canibalismo", por lo que el general Tachibana y sus oficiales fueron ejecutados por cargos de asesinato premeditado y "impedir el entierro digno" de los prisioneros, cerrando así una de las páginas más atroces de la barbarie militar sistemática en la historia moderna.



2️⃣ En contraste, los crímenes estadounidenses contra los japoneses no fueron menos atroces; más bien, la guerra presenció horrores aterradores documentados por los registros militares, donde la mutilación de los cuerpos de los soldados japoneses y el corte de partes de ellos se convirtió en un "fenómeno generalizado" y socialmente aceptado entre las unidades del ejército estadounidense en el Pacífico.

⭕️ El shock mayor radicaba en el ritual de recolección de "souvenirs humanos"; los soldados estadounidenses cortaban orejas, narices y dientes de los soldados japoneses (ya fueran muertos o heridos agonizantes) para conservarlos, ¡y algunos incluso hirvieron cabezas japonesas para desollarlas de carne y convertir los cráneos en trofeos y recuerdos de guerra!

⭕️ Estas prácticas no eran ocultas, sino que se publicaban abiertamente en el interior de Estados Unidos; en mayo de 1944, la famosa revista "Life" publicó una foto impactante de una chica estadounidense contemplando el cráneo de un soldado japonés que su prometido, un teniente de la Marina, le había enviado como regalo desde el frente, ¡con una dedicatoria personal escrita en él!

⭕️ El lavado de cerebro mediático en Estados Unidos retrataba a los japoneses como "animales o seres de rango inferior" y no como humanos; esta deshumanización racial hacía que su aplastamiento y mutilación fuera psicológicamente permisible para los soldados, hasta el punto de que al presidente estadounidense Franklin Roosevelt le ofrecieron un abrecartas hecho del hueso del brazo de un soldado japonés ¡como regalo!

⭕️ Además de la mutilación, las ejecuciones de prisioneros eran sistemáticas; debido al odio mutuo, las unidades estadounidenses se negaban a tomar prisioneros japoneses en muchas batallas, y ejecutaban inmediatamente a los que se rendían con disparos o los quemaban vivos dentro de trincheras y búnkeres con lanzallamas, sin darles oportunidad de supervivencia.

⭕️ Y la atrocidad no se limitó a los frentes; en el interior de Estados Unidos, más de 110 mil ciudadanos estadounidenses de origen japonés (la mayoría mujeres y niños) fueron internados en "campos de detención forzada" durante toda la guerra, y se les confiscaron sus propiedades solo por sospecha de su raza, en uno de los mayores fracasos de los derechos civiles.

martes, 15 de septiembre de 2026

Patagonia: El Teniente Coronel Roa visita la meseta en 1883

Gastre, 1883. El teniente coronel Roa y su visita a la meseta

Focalizado en el valle inferior del Río Chubut, allí desde 1865, se desarrollaba la colonización galesa que a pesar de algunos hechos aislados mantuvo una excelente relación con los pueblos originarios. Es en este marco que a partir de 1882 un oficial del novel Ejército Argentino, el Teniente Coronel Lino Oris de Roa, comienza a prestar servicios en la Gobernación de la Patagonia que fuera creada por la ley N° 954 el 11 de octubre de 1878, un territorio que tuvo como gobernador designado a un allegado y antiguo compañero de armas del presidente Roca, el Gral. Lorenzo Vintter.

La nueva organización de los territorios patagónicos consistía en la división de extensas jurisdicciones denominadas “Territorios Nacionales”, estas inmensas leguas de tierra pronto serían testigos de una corriente demográfica en aumento promovida por la autoridad nacional. Vintter, quien residía mientras duraba su cargo, en una pequeñísima Carmen de Patagones, parte un 16 de julio de 1883, comandando el cuerpo de soldados “7° de Caballería”, grupo al que pertenecía Roa, hacia Puerto Deseado en la actual provincia de Santa Cruz; desde allí, el general, por orden directa del Ministro del Interior Dr. Yrigoyen, ordena al teniente coronel partir junto a un grupo, que no alcanzaba los treinta hombres, a explorar y reconocer la región comprendida entre Puerto Deseado y los ríos Senguer y Chubut y el Océano Atlántico. El 24 de julio la expedición se pone en marcha y hacia el 8 de agosto de 1883 el pequeño grupo alcanza el río Senguer a aproximadamente la mitad de su curso; durante este lapso los soldados consiguen tomar prisioneros a unos treinta y dos “indios de lanza”, como se los denominaba en la jerga del ejército, y además a unas cinco mujeres. Según relatos posteriores, Roa consideró que este grupo de aborígenes pertenecía a las tribus de Inacayal y Foyel, también estimó que algunos otros pertenecían a la gente del jefe mapuche Sayhueque.

Hacia el año 1883 este oficial del Ejército Argentino, fue el primero en dar cuenta de su paso por la zona centro norte chubutense junto a sus soldados, partió de Fortín Alsina, hoy Valcheta, con tres columnas ligeras, su misión consistía en hallar y detener al cacique mapuche Valentín Sayhueque.

Roa y sus hombres transitaron el sur del Río Negro y el norte del Chubut, bajando por Tromeniyeu, luego Maquinchao y posteriormente por Yalalahuat.

El teniente coronel Lino Oris de Roa, más allá de que no pocos historiadores lo recuerdan por haber sido el encargado de destruir la última resistencia mapuche-tehuelche en la Patagonia durante la campaña ordenada por el Congreso de la Nación durante el período roquista, se convirtió así, inconscientemente, en un protagonista histórico allegado al departamento y la localidad de Gastre; en sus relatos, cartas, anotaciones y memorias, dejó en claro que a pesar de servir y obedecer a una institución armada que dejó mucho que desear en cuanto al trato hacia la Patagonia y sus habitantes originarios, no pudo en lo personal, ser indiferente a la belleza natural de cada región y paraje, según sus propios dichos apreció todo cuanto experimentó durante sus campañas en el territorio. En los informes enviados a los organismos nacionales Roa nunca dudó que:

“La parte central de la Patagonia no responde a las ideas que hasta hoy se tienen de ella, no siendo una región llana, semejante a la pampa” sino con “hermosos y abrigados cañadones, ricos en agua y pastos, y de una fertilidad que encanta”. El militar evidenció así, mediante esta apreciación personal, una admiración particular por el valle y la meseta centro-norte del Chubut.

Fragmento libro “Gastre, retrospectiva histórica” de Carlos Adrian Tissera


lunes, 14 de septiembre de 2026

Genghis Khan: La batalla del río Kalka

Mongoles: La batalla del río Kalka








El 31 de mayo de 1223, las tropas mongolas de los generales Subotay Bahadur y Jebe Noyon, vencieron aplastantemente a una coalición de principados rusos en las riveras del río Kalka.

En 1220, los dirigidos por Genghis Khan, destruyeron el Imperio Corasmio, saqueando sus principales ciudades y provocando la muerte de su monarca. A continuación, 20.000 hombres de su ejercito, el equivalente a 2 tumenes, dirigidos por Subotay y Jebe, obtuvieron el permiso de Genghis para realizar una expedición de reconocimiento hacia el oeste, atravesar el territorio iraní y luego hacia el norte, antes de regresar a Mongolia a través de la estepa al norte del Mar Caspio.

En 1221, el dúo atravesó el Caucaso y derrotó a los ejércitos georgianos, devastando el país, para después avanzar más al norte topándose con una coalición de tribus caucásicas antes de derrotar en una gran batalla a los valientes cumanos, cuyo khan buscó refugio en el Rus de Kiev y ahí los convenció para unir fuerzas y luchar contra los mongoles. Los príncipes rus y los cumanos reunieron un ejército de 80.000 hombres bajo el mando conjunto de Mstislav III de Kiev y Mstislav el Audaz de Galitzia. Estas tropas alcanzaron y derrotaron a la retaguardia mongol, momento en el que Jebe y Subotay planificaron una inteligente estrategia.

Fingiendo entrar en pánico después de la derrota de su retaguardia, los mongoles iniciaron una gran cabalgata que duró nueve días, durante los cuales sus perseguidores perdieron la cohesión y quedaron separados en una larga columna. Finalmente, en el noveno día, Subotay y Jebe organizaron una emboscada, cruzando el río Kalka y ocultando sus fuerzas cerca de la orilla opuesta.

Cuando los perseguidores comenzaron a cruzar el río, sin esperar a las tropas que se habían retrasado, los mongoles, que ya habían formado para la batalla, lanzaron sobre sus enemigos una autentica lluvia de flechas. El ataque feroz y repentino de los que creían que estaban en fuga conmocionó a los rusos y cumanos que no tuvieron siquiera tiempo de formar sus tropas.

En la confusión que siguió, varios otros príncipes de Rus fueron derrotados, conforme iban llegando a la batalla, Mstislav el Audaz consiguió escapar y Mstislav de Kiev se vio obligado a retirarse a un campamento fortificado, donde resistiría 3 días. Finalmente se rindió a cambio de la promesa de paso seguro a su territorio, pero los mongoles lo traicionaron, masacraron a sus hombres y lo ejecutaron.

Según la Crónica de Novgorod, del gran ejército ruso enviado a combatir a los mongoles, solo “uno de cada diez hombres regresó a su hogar”. Por primera vez desde el ataque de los hunos a Europa más de siete siglos antes, una fuerza asiática había invadido Europa y aniquilado por completo a un ejército importante.

Después de esta victoria, los mongoles giraron hacia el este y se encontraron con Genghis Khan y el resto del ejército mongol en las estepas al este del río Syr Darya. Genghis mostró gran aprecio por los logros de sus generales y elogió a Jebe y Subotay.

📌 En 1237, Subotay junto con Batu lideraron otro ataque y con 120.000 hombres conquistaron el Rus de Kiev para posteriormente atacar el corazón de Europa.

🎨 Los rusos persiguen confiados a los mongoles sin saber que marchan directo a una trampa.

🎨 El cautivo príncipe Mstislav III es llevado ante los generales Subotay y Jebe, mientras sus tropas celebran su victoria.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Post-guerra: Expulsión de población alemana de Europa del Este

Expulsión de población alemana de Europa del Este



Si tú, como alemán, estás hablando con una mujer francesa y de repente te das cuenta de que ella ni siquiera ha oído hablar de la mayor limpieza étnica que jamás haya ocurrido en Europa —la expulsión de unos 14 millones de alemanes—, entonces te preguntas qué es lo que realmente enseñan en las clases de historia en otros países.





La mayoría de los alemanes „expulsados": 1) murieron durante la guerra, 2) huyeron ante el avance del Ejército Rojo y nunca regresaron, 3) abandonaron voluntariamente Europa del Este porque no querían vivir en estados extranjeros comunistas. El número de personas que fueron realmente desplazadas fue MUCHO menor.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Revolución Francesa: El insoportable impuesto a la luz del sol

Cuando el Estado decidió gravar la luz del sol


Imagina un impuesto tan absurdo y tan voraz que te obliga a vivir en la oscuridad.

Ese es exactamente el logro que consiguió el Estado francés en 1798. Inventa entonces una de las peores aberraciones de nuestra historia: el impuesto sobre puertas y ventanas.

Al final de la Revolución, el Directorio está exhausto. El poder central necesita liquidez para sobrevivir.



No se atreve a restablecer los impuestos directos del Antiguo Régimen que pusieron fuego al país.

La burocracia da a luz entonces a un concepto temible. Decide gravar a los ciudadanos en función del número de aberturas en las fachadas de sus casas.

Sobre el papel, la administración encuentra la idea brillante. Un rico posee una mansión con muchas ventanas, un campesino solo tiene una choza.

El Estado piensa haber inventado el impuesto perfectamente justo, fácil de calcular desde la calle sin tener que registrar los hogares.

Pero el mecanismo destructivo de la fiscalidad siempre termina cayendo sobre los más débiles.

Para escapar de este atraco, la reacción del pueblo es inmediata y racional. Se adapta destruyendo.

De la noche a la mañana, los propietarios comienzan a tapiar masivamente sus propias ventanas.

Se condenan las ventilaciones, se obstruyen los tragaluces, se eliminan las entradas de luz. Los edificios se transforman en cajas oscuras para bajar la factura.

Las consecuencias sanitarias serán catastróficas.

Para garantizar sus ingresos fiscales, el Estado privatiza literalmente y grava el aire fresco y la luz del sol.

Durante más de un siglo, este impuesto obligará a millones de franceses, particularmente a los más pobres, a amontonarse en viviendas fétidas, húmedas y privadas de toda ventilación.

Los médicos higienistas gritarán al escándalo. Denunciarán una correlación directa con la explosión fulminante de la tuberculosis y el raquitismo en las ciudades.

Nada lo impide, la burocracia hará oídos sordos. El cinismo es absoluto.

En lugar de suprimir un impuesto que mata a su propia población, el Estado se aferra a él. Este impuesto mortífero durará 128 años y solo será definitivamente abolido en 1926.

El impuesto sobre puertas y ventanas es la prueba histórica definitiva de una regla inmutable.

Un gobierno siempre preferirá sacrificar tu salud, tu comodidad y el aire que respiras antes que renunciar a una fuente de ingresos.

martes, 8 de septiembre de 2026

SGM: El fin de un invasor nazi

El fin de un defensor




Capitán del Ejército de EE. UU. Earl Topley mirando a un soldado alemán que había matado a tres de sus hombres antes de su propia muerte, Cherburgo, Francia, 27 de junio de 1944

lunes, 7 de septiembre de 2026

Imperio ruso: La compra de Kiev

La compra de Kiev a la Mancomunidad Polaco-Lituana



Para muchos, esto será un descubrimiento o incluso una sensación, pero en 1686 los rusos compraron a los polacos la ciudad de Kiev, pagando a la Mancomunidad Polaco-Lituana 7 toneladas de plata.

La escritura de compraventa de Kiev sigue vigente formalmente hasta hoy.