martes, 21 de abril de 2026

Biografías argentinas: Gral Antonio Donovan (EA)

Gral. Antonio Donovan 





Antonio Dónovan (n. Buenos Aires, 26 de abril, de 1849 – † Federal, provincia de Entre Ríos, 14 de agosto de 1897), militar argentino que participó en la Guerra del Paraguay, en las últimas guerras civiles argentinas y en las campañas previas a la Conquista del Desierto. Fue también gobernador del Territorio Nacional del Chaco. 

Inicios y Guerra del Paraguay 
Hijo del doctor Cornelius Donovan Crowley y de Mary Atkins Brown, en 1863 – tras la muerte de su padre – se enroló en el Batallón de Infantería Nº 2 sin autorización de su madre, por lo que fue dado de baja por orden directa del ministro de Guerra y Marina, general Gelly y Obes. Poco después logró conseguir la autorización materna y se incorporó al Regimiento de Artillería Ligera, en julio de 1864, y fue destinado a la isla Martín García. 
Tras la invasión paraguaya de Corrientes participó en la efímera reconquista de esa ciudad por las fuerzas del general Wenceslao Paunero. A sus órdenes participó en la batalla de Yatay, del 17 de agosto de 1865. Participó también en el sitio de Uruguayana. 
En abril del año siguiente participó en la captura de la Fortaleza de Itapirú, y en las batallas de Estero Bellaco, Tuyutí, Yatayty Corá, Boquerón, Sauce y Curupaytí. El 31 de octubre fue dado de baja del Ejército Argentino, sin que haya quedado referencia de la causa. 
Se reincorporó al Ejército en junio del año siguiente, en el Batallón de Infantería de Línea Nº 2, con el grado de capitán. Participó en la campaña en que fuerzas nacionales enfrentaron y derrotaron al general Nicanor Cáceres, defensor del gobierno legal de esa provincia. En 1869, su regimiento pasó a Córdoba. 
Regresó al frente paraguayo en mayo siguiente, destinado en varios destinos, pero no alcanzó a combatir. Regresó a Buenos Aires a fines de ese año. 

Rebelión de López Jordán 
Al estallar en la provincia de Entre Ríos la rebelión de Ricardo López Jordán, acompañó al coronel Luis María Campos como ayudante, sin haber comunicado esa decisión a su regimiento, que lo dio de baja del mismo. No obstante, a órdenes de Campos participó en la batalla de Santa Rosa y en otros combates menores. 
En mayo de 1871, recién llegado a la provincia de Buenos Aires, combatió contra los indígenas en la zona de Tapalqué. Posteriormente pasó a Martín García. 
En junio de 1873 fue destinado a Paraná, participando en la lucha contra la segunda rebelión de López Jordán. En la batalla de Don Gonzalo, del 9 de diciembre de ese año, la infantería al mando del mayor Dónovan tuvo una actuación decisiva para hacer retroceder a los federales. 
En febrero del año siguiente pasó a ser ayudante del ministro de guerra, Martín de Gainza. A órdenes del coronel Julio Campos participó en la campaña contra los revolucionarios del año 1874. 
Por esos años compró un campo en la zona norte de la provincia de Entre Ríos, donde sería fundada la localidad de Federal. 

Campañas al desierto y rebelión porteña 
En febrero de 1875 pasó a Gualeguaychú, en Entre Ríos, ascendiendo al grado de teniente coronel. En enero del año siguiente, trasladado nuevamente a Buenos Aires, participó en el avance de las fronteras ordenado por el ministro Adolfo Alsina, participando en la ocupación del punto estratégico de Carhué, pasando después a las guarniciones de Puán, Azul y Olavarría. En este último lugar dirigió las tropas nacionales en una batalla contra los jefes indígenas Namuncurá y Juan José Catriel, el 6 de agosto de 1876, recuperando unas de 50.000 cabezas de ganado vacuno. 
Fue ascendido al grado de coronel en junio de 1877. Participó en varios combates más contra los indígenas en los años siguientes, y en las expediciones de avanzada que prepararon la Conquista del Desierto del año 1879, de la que no participó por haber sido incorporado al Colegio Militar y ocupar la guarnición de la ciudad de Zárate. 
Participó en la represión de la revolución porteña de 1880, comandando el Regimiento de Infantería Nº 8 en las batallas de Puente Alsina y Corrales. 

El Regimiento 1 de Infantería y el Chaco 
En febrero de 1883 fue nombrado Jefe del Regimiento de Infantería Nº 1. Dos años antes había sido uno de los fundadores del Círculo Militar. 
En agosto de 1886 fue ascendido al grado de general, y provisoriamente puesto al mando de la 1ª División de Ejército; fue posteriormente director del Parque de Artillería, Jefe de Estado Mayor de las fuerzas destacadas en el Chaco, con sede en Resistencia. Entre 1897 y 1891 fue gobernador del Territorio Nacional del Chaco, y hasta fines del año 1895 continuó siendo el comandante de todas las tropas militares del Chaco, pasando posteriormente a retiro. 
Falleció en su estancia en Federal el 14 de agosto de 1897. 
Casado con Cándida Rosa Blanco, habían tenido 12 hijos. Su nieto Carlos Alberto Dónovan y Salduna murió en un accidente, y en su memoria fue compuesta la la Marcha del Teniente Dónovan, utilizada por la caballería argentina.1 

Referencias 

↑ Marcha militar Teniente Dónovan 

Fuentes 

[1] Su biografía en Revisionistas.com. 
Planell Zanone, Oscar J. y Turone, Oscar A., Patricios de Vuelta de Obligado. 
Yaben, Jacinto R., Biografías Argentinas y Sudamericanas, Bs. As., 1938. 

Wikipedia

domingo, 19 de abril de 2026

Argentina: La expedición al río Bermejo (1903/04)

La expedición al río Bermejo de 1903-1904

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:prefecto general (RE) Andrés Rene Rousseaux





Antecedentes

Desde la llegada de los primeros conquistadores españoles, a las tierras del Plata, fue obsesión de ellos, la búsqueda de un camino fácil y seguro que los llevara al "Cerro de la Plata", en clara referencia a las minas de Plata que se explotaban en el famoso "Cerro de Potosí", en el actual territorio de la República de Bolivia.

Esto motivó que varias expediciones, con ese fin, incursionaran por los ríos Pilcomayo y Bermejo, logrando algunos audaces navegados hasta sus nacientes en el altiplano boliviano. Organizada la Nación a partir de la sanción de la Constitución Nacional el 1° de Mayo de 1853, fue también inquietud de las autoridades de la Confederación Argentina primero y posteriormente de las de la nación fomentar la navegación comercial en los ríos Bermejo y Pilcomayo ya no en búsqueda del famoso "cerro de la Plata", sino para obtener una vía fluvial confiable para el transporte de pasajeros y cargas, de y para los territorios del norte argentino, e incorporar a la explotación agrícola ganadera enormes extensiones de tierras, aún inexploradas. Varios fueron los intentos del Gobierno Nacional y particulares, para establecer "servicios regulares de vapores" por los ríos mencionados pudiendo citarse a título informativo la expedición del vapor "ZENTA", que zarpó desde la Provincia de Salta, el 25 de diciembre de 1855, navegando el río Bermejo, en todo su recorrido, al mando de D.José Lavalle, arribando al Puerto de Rosario (S. Fe) el 26 de octubre del año siguiente después de infinidad de peripecias.

Otro ejemplo, de los intentos de establecer "servicios regulares de vapores", es el contrato celebrado por el gobierno de la Confederación Argentina en su Capital Paraná (Entre Ríos), el 9 de Febrero de 1857, con la "Compañía Salteña de navegación", para la explotación regular de una línea de vapores, en el río Bermejo, entre la localidad de Oran (provincia de Salta) y el puerto de la ciudad de Corrientes, el que es ratificado por Decreto de fecha 23 de julio del mismo año (I). Estos emprendimientos, son sólo algunos de los muchos que se llevaron a cabo y otros que quedaron en "proyecto", no siendo el propósito de este trabajo entrar a detallarlos.

Ingeniero D. Julio Henry -Jefe de la Comisión de Estudios del Río Uruguay quien comandara la expedición al Rio Bermejo en 1903.



Si bien el rio Bermejo había sido navegado desde la época hispánica, en muy pocos casos se llevaron a cabo estudios sobre sus características; razón por la cual, el gobierno Nacional, en el año 1903 decidió llevar a cabo el emprendimiento. A tal efecto el 25 de febrero de ese año se dictó un decreto (2) considerando esos antecedentes y la necesidad de llevar a cabo una expedición científica con los elementos técnicos suficientes y personal capacitado para no sólo recoger los datos necesarios de estudios topográficos, hidráulicos, meteorológicos y geológicos, sino también realizar una limpieza del cauce, extrayendo o destruyendo los obstáculos que impedían la navegación. Por ello se autorizaba la inversión de $70.000, para que el Ministerio de Obras Públicas la organizara. Dicho decreto fue refrendado por prácticamente todo el gabinete nacional encabezado por el Presidente Dr.José Evaristo Uriburu. Mediante otro decreto, esta vez del 5 de marzo (4) fueron designados a partir del Io de abril como jefe de la expedición el ingeniero Julio Henry (3), Jefe de la Comisión de Estudios del río Uruguay; el 2do.jefe ingeniero Ramón Celinski (5) ayudante de la misma comisión; el dibujante Gustavo Presas, y el auxiliar y fotógrafo Antonio Guido-bono, auxiliar y escribiente de la comisión. Por la misma norma se fijan los sueldos de los nombrados que sería del doble de lo estipulado en el "Reglamento de viáticos y sobresueldos" con excepción del auxiliar fotógrafo a quien se le asigna un sobresueldo de $200 mensuales. Se completó la expedición con José B. Pacheco con el cargo de "comisario y encargado de los explosivos" con un sueldo de $350 mensuales, Pedro Berrini, mecánico con $250 mensuales y Floriano Arias, practicante de medicina con $350 mensuales. Al personal mencionado, se le debe agregar un carpintero, marineros y un piquete de 10 soldados del Ejército de Línea al mando de un subteniente para custodia, que se suman a la expedición en puerto Bermejo (Chaco), lamentando no haber podido obtener sus nombres, pasando a ser "héroes anónimos", como tantos otros de nuestra historia.

El "alistamiento" de la expedición, se realizó en las instalaciones de la "Comisión de Estudios del río Uruguay", en lo que después se conociera como "el ministerio", donde se concentraron las embarcaciones y personal que iba a participar de la expedición.

El Ingeniero Henry seleccionó las embarcaciones que se utilizaron, optando por "una chata habitación" perteneciente a esa comisión de estudios, la que fue utilizada para alojamiento, oficinas y depósitos de víveres, por sus condiciones de habitabilidad.

Para su remolque, optó por el remolcador "21 I -B" del mismo organismo, y el vapor "Presidente Derqui", perteneciente al Ministerio de Obras Públicas de Bs.As.

Vapor de la Prefectura General de Puertos y Resguardos "GARRUCHOS ". Fue asignado a la expedición al río Bermejo de 1903-1904, siendo utilizado como "buque explorador" por sus especiales características, habiendo navegado hasta QUITILIPI (Salta) Km 1.197 del referido río.


Requirió a la Prefectura General de Puertos y Resguardos (6) la asignación del vapor "GARRUCHOS", el que sería utilizado como "explorador" (ver recuadro de las características de las embarcaciones utilizadas).

Concluidos los preparativos, la expedición zarpó de Concepción del Uruguay el 9 de Abril de 1903, con destino a la boca del río Bermejo (Chaco) donde arribó el día 5 de mayo del mismo año, después de casi un mes de difícil navegación.

Características del "Vapor GARRUCHOS"

Eslora: 12,27 m Manga: 3 m Puntal: 1,15 m Calado: 0,70 con tres toneladas de carga Capacidad: 15 hombres Carga: leña para un día de navegación Máquina: de alta presión con dos cilindros Propulsión: dos ruedas laterales Velocidad: 9 km por hora a plena carga Casco: de acero dulce de 3 mm de espesor, dividido en 5 mamparos

Nota: Pertenecía a la Prefectura General de Puertos y Resguardos siendo asignado Por el Ministerio de Hacienda a la Expedición del río Bermejo acorde el Decreto del 25-2-1903, artículo 5to. Fue reintegrado a esa Institución al término de la expedición.

Características de las embarcaciones utilizadas en la expedición al río Bermejo 1903-1904

CASA HABITACIÓN:

Perteneciente a la "Comisión de Estudios del río URUGUAY" del MOP Eslora: 25,50 m Manga: 5,50 m Puntal: 2,25 m Calado: 1,75 m Desplazamiento: 170 toneladas Destino: Alojamiento del personal. Oficinas y depósito de víveres. Carga transportada: 30 toneladas.

Chata habitacion típica del MOP, aqui la Nº 403A en una foto de 1903

REMOLCADOR "211-B":

Perteneciente a la "Comisión de Estudios del río URUGUAY" del MOP Eslora: 16,00 m Manga: 3,20 m Puntal: 1,80 m Calado: 1,35 m Máquina: de alta y baja presión con una fuerza de 37,5 HR

Remolcador  210B ex "Meteroro",  similar a la 211B en una foto de 1903.

REMOLCADOR "PRESIDENTE DERQUI":

Perteneciente al MOP (Bs.As.) Eslora: 13,90 m Manga: 2,90 m Puntal: 1,80 m Calado: 1,50 m Máquina: de alta presión con una fuerza de 20 HR

VAPOR "GARRUCHOS": Perteneciente a la Prefectura General de Puertos y Resguardos, asignado especialmente para la expedición al río Bermejo (ver características aparte)

CHALANAS: Algunas alquiladas, otras adquiridas por la Comisión. Medidas: de varios tipos. Construcción: de madera.

La exploración del río Bermejo

Los resultados de la exploración al río Bermejo son ampliamente detallados en el informe que el Ingeniero Julio Henry elevó al término de la misma. Fechado en Concepción del Uruguay el 12 de agosto de 1904, se encuentra agregado como "apéndice al anexo II de la Memoria Anual del Ministerio de Obras Públicas de la Nación correspondiente a los años 1904-1905 (7), de cuyo contenido surge que (8) la expedición arribó a la boca del río el 5 de mayo de 1903, comenzando los trabajos en el "Bermejo inferior" utilizando además de las embarcaciones propias, chalanas alquiladas, arribando a Puerto Expedición el 15 del mismo mes y año. Como no fue posible remontar el río más arriba con todas las embarcaciones, se fraccionó al personal de la expedición, encargándose al Ingeniero Celinski que llevara a cabo un programa mínimo de estudios en el Bermejo inferior utilizando "chalanas" hasta 100 kms arriba de "Confluencia".

En tanto el "GARRUCHOS" -en el que se encontraba embarcado el ingeniero Henry- arribó el 5 de agosto a Quitilipi, provincia de Salta a 1. 197 kilómetros de la boca del Bermejo. El reconocimiento del Alto Bermejo y Teuco se llevó a cabo en chalanas, desde la frontera boliviana hasta el punto donde había quedado el "GARRUCHOS". Recién el 28 de noviembre de 1903 -ya con las crecientes anuales- fue posible bajar con todas las embarcaciones, excepto el "GARRUCHOS", llegando a la boca del Bermejo el Io de diciembre, resolviéndose continuar hasta Concepción del Uruguay, donde se arribó el I ° de enero de 1904.

El "GARRUCHOS" recién pudo salir de Puerto Aguirre el 17 de enero de 1904, arribando a concepción del Uruguay el 13 de febrero del mismo año, siendo reintegrado a la Prefectura General de Puertos y Resguardos.

El informe del Ingeniero Henry fue el más completo realizado hasta ese momento sobre el río Bermejo, abarcando aspectos de navegación, régimen hidráulico, estudios geológicos, observaciones astronómicas, estudios de la flora y fauna, recursos naturales de la zona, tribus que habitan en sus orillas, posibilidades futuras para la navegación comercial con indicación de los trabajos que deberían realizarse en su cauce, trabajos de remoción de raigones y otros obstáculos, que ya se habían efectuado y otros que deberían encararse en el futuro para su segura navegación; adjuntando abundante cartografía ilustrada por numerosas fotografías tomadas durante la expedición. Especifica además el tipo de embarcaciones que serían más adecuadas para establecer servicios regulares de vapores para pasajeros y cargas, detallando las características técnicas de las mismas, medidas, calados, material del casco, tipo y potencia de máquinas, etc.

La expedición fue todo un éxito, recibiendo su Jefe y personal que la integró las felicitaciones de las altas autoridades de la Nación y en especial el Ministro de Obras Públicas de la Nación, D. Emilio Civit y del director General de Obras Hidráulicas Ingeniero Enrique M. Lange de quien dependía directamente la "Comisión de Estudios del Río Uruguay".

Ingeniero D. Ramón Celinski - Oriundo del Reino de Galitzia - Parroquia de Jezlerzani - Ex Imperio de AUSTRIA - Ingresó en la dirección Gral. de Hidráulica como "Dibujante" el 28-1-1901 - Comisión de Estudios del rio Uruguay - Se desempeñó como 2do. Jefe de la expedición al río Bermejo de 1903 - fotografía facilitada por la familia Celinski

El Ingeniero Julio Henry, a los pocos días de su regreso a concepción del Uruguay, el sábado 3 I de enero de 1904 contrajo enlace con la Señorita Laura Ratto de la sociedad Uruguayense, que era Directora de la Escuela de Aplicación de la Escuela Normal Mixta, celebrándose la ceremonia civil y religiosa en el domicilio de la novia (9) a las 9 y medía de la noche (sic) actuando como padrinos del acto religioso, su señora madre Doña Sabina Risso de Ratto y el Ingeniero Lorenzo Amespil quién se encontraba a cargo de la Comisión del Río Uruguay, por ausencia del Ingeniero Henry (10).

A los pocos años, en 1908, en oportunidad de encontrarse realizando un viaje por Europa el Ingeniero Henry con su familia, fue comisionado por el gobierno Argentino, para que en base a sus conocimientos del Río Bermejo y acorde lo sugerído en su informe, coordine con la "Comisión Argentina en Londres", la adquisición de la "draga, chatas y accesorios" para la limpieza y rectificación del rio mencionado, y una escuadrilla de vapores fluviales para el servicio seguro de su navegación (II).

Han pasado 94 años de la Expedición al río Bermejo del año 1903-1904, habiéndole cabido a Concepción del Uruguay, el honor que desde las orillas del Riacho Itapé, se "alistara y zarpara", al mando de un profesional excepcional y un caballero cabal, como lo fuera el Ingeniero Julio Henry que tanto hiciera por la ciudad y principalmente por su puerto, acompañado en la quimera, por otros destacados funcionarios cuyos apellidos, perduran hoy en la ciudad, a través de sus familias, como lo fueron D. Ramón Celinski, D. Gustavo Presas, D.Antonio Guidobono y otros, que lamentablemente han quedado en el anonimato, pero sin quitarles sus merecidos méritos y el reconocimiento a que son acreedores. Hoy, una calle de la Ciudad y el canal de acceso al puerto, llevan el nombre de Ingeniero Julio Henry (12) habiendo fallecido en la ciudad de Buenos Airees el 16 de abril de 1940 a los 76 años de edad, descansando sus restos mortales en el panteón de la familia Henry en el cementerio local (13).

Agradecimientos

a la Señorita Betty Ratto, por los datos aportados sobre la familia de D. Francisco Ratto y ubicación del panteón de la familia Henry en el cementerio de Concepción del Uruguay.

Al Sr. Alvaro Celinski, sobrino nieto de D. Ramón Celinski.

Bibliografía principal

- Memoria anual del M.O.Pde la Nación, años 1904-1905.

- Biblioteca del Ministerio de Economía.

- Biblioteca del Archivo General de la Nación.

- Publicación "La Nación Argentina en marcha" de Manuel Bernárdez. Biblioteca del Museo Mitre (Bs. Airees). Número-catálogo 20-7-5.

Panteón de la familia Henry (Sic) en el Cementerio de Concepción del

Uruguay, tomada por el autor en febrero de 1997.

Nota: En el frente del panteón dice familia Henri y no Henry.

Fuentes y aclaraciones

(1) Registro Nacional de la República Argentina año 1857-A.G.N. Recopilación de disposiciones de M, Mercante y Policía Marítima T. I, pág. 266.

(2) Ib. año 1903. Ib.Tomo IV pág.217.

(3) En algunos documentos y periódicos figura el apellido con "I", pero se adopta la grafía "Henry" como figura en la calle de la ciudad;que recuerda su nombre y en el acta de casamiento (libro de Casamientos Nro. 5, folio 368, registro Nro. 6, Archivo de la Parroquia de Nuestra Inmaculada Concepción).

(4) Registro Nacional de la República Argentina, año 1903, tomo I pág. 87112.

(5) Mencionado como Ingeniero. Según su sobrino nieto D, Alvaro Celinski su título era el de técnico, obtenido en su país natal. Ingresó en el Ministerio de Obras Públicas (Obras Hidráulicas) el 28-01-1901 como dibujante. (Decreto de esa fecha).

(6) Denominación de la actual Prefectura Naval Argentina. Por decreto del 27 de enero de 1900, la entonces Prefectura General de Puertos asume las funciones de los resguardos aduaneros, pasando de la órbita del Ministerio de Marina al de Hacienda, con la denominación de Prefectura General de Puertos y Resguardos.

(7) Memorias anuales del M.O.R, años 1904-5. Biblioteca del Ministerio de Economía yA.G.N.

(8) Informe del Ingeniero Julio Henry, pág. 152 y 153 del anexo II al apéndice de la Memoria Anual del M.O.R, años 1904-5. Biblioteca del Ministerio de Economía y Archivo General de la Nación.

(9)^egún información'proporcionada por la Sta. Betty Ratto, la familia Ratto, vivía por aquel entonces en la calle Mariano tó"pez entre la actual Juan Perón y Moreno, vereda norte de Concepción del Uruguay. ¡

(10) Archivo de la Parroquia Inmaculada Concepción de C. del Uruguay Al contraer enlace el Ing. Henry tenía 40 añosUe edad y su noyia 30. Periódico "La Juventud" del 30-1 -904 N° 696 y 4-2-904 nD 697, Hemeroteca del Museo Histórico Municipal.

(11) Ib. del 5-9-908 n° 1341.

(12) Calle n° 12. Se impuso el nombre de "lngenJen>Henry" al igual que al canal de acceso al puerto de Concepción del Uruguay por Ordenanza Municipal n° 1564/52. Diario "La calle" del 7-9-52 n° 2586. Archivo diario "La calle".

(13) En el frente del panteón de la familia, se consigna el apellido Henri con I


viernes, 17 de abril de 2026

jueves, 16 de abril de 2026

Japón Imperial: El plan Ocho-Ocho de la Armada Imperial posterior a la PGM

 Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial los japoneses querían tener una flota de 16 unidades principales, que contaban con 8 acorazados y 8 Cruceros de Batalla.


martes, 14 de abril de 2026

Guerra de Vietnam: La ofensiva del Tet



 

La batalla de Hué comenzó la madrugada del 31 de enero de 1968, mientras vietnamitas de ambos bandos se preparaban para celebrar el nuevo año lunar. El ataque del Frente Nacional de Liberación, en el caso de Hué, resultó en una sorpresa total. Unos 10.000 soldados del Viet Cong y el Ejército nordvietnamuta se hicieron con el control de la antigua capital Imperial. Solo dos pequeños cuarteles, defendidos por marines estadounidenses y tropas del Ejército sudvietnamita, lograron resistir.
Para el mando estadounidense, un golpe tan rápido y sorprendente era innemaginable. Pero durante casi un mes, la bandera azul y roja con una estrella amarilla en su centro ondeó en la ciudadela de Hué. Fue allí donde terminó la dura batalla.



La reacción estadounidense tardó varios días en ser palpable. Acostumbrados a enfrentarse en la selva a un enemigo que atacaba y huía, en Hué los marines combatieron en inferioridad numérica, mientras improvisaban tácticas de lucha urbana y descubrían que sus oponentes estaban igual de bien adiestrados. Finalmente, el 11 de febrero comienza la reconquista de la ciudadela. Tras la llegada de los refuerzos prometidos por el general Creighton Abrams, el segundo del general Westmoreland, el día 21, comienza el ataque sobre La Chu. Para ese momento casi todas las tropas nordvietnamitas han huido días antes. Entre el 23 y 25 de febrero se libran los últimos combates en el palacio real, lugar donde aún hondeaba la bandera del Viet Cong. Cuando concluya la reconquista de la ciudadela, hasta el 80 por ciento de los edificios de Hué están dañados o destruidos. Cuando concluyó, más de 6.000 de los 140.000 habitantes de la ciudad habían muerto, víctimas de las ejecuciones extrajudiciales de los "libertadores" o víctimas de los duros bombardeos estadounidenses. Los norvietnamitas y sus aliados del Viet Cong perdieron 2.400 combatientes, mientras que sudvietnamitas y estadounidenses 468 y 277 respectivamente.
IMÁGENES. Soldados del Viet Cong trepan a un M50 Ontos abandonado por los marines. Un tanque estadounidense M60 se transformó en una ambulancia improvisada para evacuar a marines heridos durante la batalla por Hué. La bandera de la República de Vietnam del Sur vuelve a ondear sobre la ciudadela destrozada en la ciudad de Hué durante la ofensiva del Tet, 1968.

lunes, 13 de abril de 2026

SGM: Tanques Sherman británicos en el Reich

4 de marzo de 1945. Tanques Sherman de la 8.ª Brigada Blindada británica (posiblemente 4.ª/7.ª Guardia Real de Dragones) y un camión Chevrolet conduciendo ambulancias por la Amsterdamerstraße en Kevelaer, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.



domingo, 12 de abril de 2026

Guerra del Chaco: La batalla de Campo Vía (1/5)





 

V

BATALLA DE CAMPO VÍA

(Una victoria frustrada)

Zenteno y Campo Vía son la indudable consecuencia de las acciones ofensivas victoriosas de Gondra, primero, y de Pozo Favorito y Pampa Grande después, que tuvieron la virtud de decidir, por fin, en el ánimo del Comandante en Jefe del Ejército que la hora de abandonar la negativa actitud defensiva había llegado.

Como se verá, esta acción de guerra, la batalla de Zenteno, ya estaba planteada en una escala más importante, aunque de ninguna manera representó las características de una auténtica acción que persiguiese proporciones de objetivos de envergadura total como cabía esperar y era altamente deseable, como absolutamente posible. Pero lo más curioso y desconcertante, aunque explicable, como se verá después, reside en la dirección superior del Ejército que, a pesar de encontrarse en situación favorable, dirigió sus esfuerzos iniciales desde puntos y distancias tales que, dada la peculiaridad de esta guerra impuesta por la naturaleza del terreno, jamás podría proporcionar las ventajas de la velocidad, de manera que se pudiese alcanzar la sorpresa, factor decisivo para el éxito. Y este error, francamente injustificable, hizo que la batalla de Zenteno malograse desde sus comienzos, costando al Ejército de campaña, ya bastante debilitado, desviado e inusitado de su objetivo, un elevado número de bajas, entre ellas seis mil muertos y heridos.

En fin, la cuestión importante era la voluntad de abandonar la negativa actitud defensiva, la “psicología del muro” o el espíritu de la línea Maginot, muy peligrosamente desarrollados entonces en la mentalidad de los dirigentes del Ejército, y que, felizmente, fue rota gracias a que nuestra capacidad agresiva, tan indispensable para el éxito en la guerra, no fue vulnerada en el espíritu de los hombres de Gondra, lo que tuvo, por lo demás, evidentes expresiones en las acciones ofensivas victoriosas del mes de julio de 1933, tal como lo hemos comentado anteriormente. Por último, la bestia ya estaba suficientemente sosegada y cuadrada y era ya llegada la hora de que se asestase la estocada final.

Planes del Comandante en Jefe del Ejército

La situación de ambos contendores, en vísperas de la iniciación de la batalla de Zenteno, era la siguiente:

El I Cuerpo de Ejército Paraguayo, que defendía el frente de Arce, incluidos los de Herrera y Falcón y al que correspondía la responsabilidad del esfuerzo principal, fue reforzado por el II Cuerpo de Ejército, menos un Regimiento de Infantería y la División de Reserva General. La IX División Boliviana reforzada, objetivo del ataque paraguayo, ocupaba el frente de Zenteno (Alihuatá) y estaba desplegada desde Pozo Charcas hasta más al Oeste de Puesto J., cubriendo todos los accesos que conducen a las bases de Saavedra y Muñoz desde el Norte.

Cuando todo parecía indicar la inminencia de la batalla, por razones de servicio, y sobre todo, porque deseaba conocer los lineamientos e intención de las operaciones que esbozaba el Mando, me trasladé a Fortín Galpón, asiento adelantado del Cuartel General del Ejército, en ausencia del general Estigarribia, que se encontraba en Asunción en misión de servicio, así como del general Franco, quien accidentalmente había sufrido una herida en la pierna.

La confirmación de la inminencia de la operación, sin embargo, no me fue difícil obtenerla, pues me lo anunció el propio jefe de Estado Mayor general, coronel Garay.

En esa oportunidad me hizo saber el plan proyectado, el cual consistía en que: EL CUERPO DE EJÉRCITO PARAGUAYO, CON SUS DOS DIVISIONES PRINCIPALES, INTERCEPTARA EL CAMINO ZENTENO–SAAVEDRA, DESDE EL SUR DE FALCÓN, Y DESDE EL NORTE LAS ENEMIGAS DE POZO CHARCAS. Y COMO VARIANTE, POR SI FALLABA ESTE PLAN, RESERVABA UNA MANIOBRA ENVOLVENTE CON OTRA DIVISIÓN POR EL OESTE, CON IDÉNTICO OBJETIVO.

Le manifesté:

a) Que conocía personalmente el sector defensivo del enemigo desde Gondra hasta la altura de Zenteno por haberlo reconocido minuciosamente y que era muy potente y casi inexpugnable por una selva y maleza de las más enmarañadas del Chaco.

b) Que siendo imposible ejecutar las acciones preliminares en silencio y desde tan lejos del punto crítico, camino Zenteno–Saavedra, circunstancia que denunciaría nuestra acción, el factor decisivo de la sorpresa podría considerarse descartado.

c) Que esa operación, de ninguna manera podría alcanzar el objetivo de aislar a la IX División Boliviana, por la razón de que la misma contaba con otra ruta —Alihuatá Viejo–Puesto Moreno— que era objeto de preferente atención según informes de patrullas y era tan eficiente como el antiguo camino a Saavedra.

En cuanto a la variante, maniobra envolvente por el ala occidental, aunque más racional, resultaba más intrincada aún, pues si alcanzaba el buen éxito, interceptaría las dos comunicaciones con que contaba el enemigo para conectarse con sus bases. No obstante, entonces, que disponía de otra, que corría por detrás del sector de la IV División boliviana hacia Saavedra. Se expuso el siguiente razonamiento:

a) Porque tropezaría con las mismas dificultades puntualizadas anteriormente, agravadas por la circunstancia de que se resolvería en un espacio mucho más prolongado, unos 70 kilómetros, para alcanzar su objetivo.

b) Que en esa dirección, lógicamente, la vigilancia del enemigo sería mucho más activa, como consecuencia de nuestras recientes acciones ofensivas y por el interés puesto en la defensa de Puesto Sosa, más vulnerable a nuestra acción y estratégicamente más importante, pues su captura nos abriría la posibilidad de flanquear y aislar a la totalidad del frente del I Cuerpo Boliviano.

La falta de experiencia y pragmatismo en el planteo de esta batalla era evidente. Consistía, como ha ocurrido muchas veces en esa guerra, en una de esas concepciones de determinadas academias, desprovistas de los factores elementales indispensables, determinantes del éxito: la SORPRESA.

Pregunté finalmente al Comandante en Jefe qué razones le obligaban a empeñarse en operaciones tan difíciles y complicadas, teniendo virtualmente cortado al enemigo en el objetivo y solamente a pocos kilómetros más al sud del punto elegido en su Plan.

Efectivamente, mi División estaba, entonces, situada a espaldas mismas del enemigo, a nada más que cinco kilómetros del objetivo, en Campo Vía, a raíz de las afortunadas operaciones de julio, y sin exagerar, casi todos los días ocupaba con patrullas el camino Zenteno–Saavedra a la altura del Km. 19, poco más o menos.

La operación, además de que el objetivo de la misma era ampliado, persiguiendo el mismo objetivo de la destrucción de la D.I.4 enemiga, consistiría, pues, en una incursión sorpresiva sobre dicho camino, en el sitio precisamente indefenso y controlado por nosotros. Atacar las espaldas de las posiciones enemigas de Zenteno, asegurándose convenientemente del lado de Saavedra, o viceversa, que sería más efectivo. Sintetizando, dejar cortados a los bolivianos en Zenteno y operar directamente sobre Saavedra, en pos de una operación de escala total.

Este proyecto permitía, por lo demás, contar desde el principio de la batalla con una División más, la Primera, circunstancia que hubiera gravitado extraordinariamente sobre la brevedad, simplicidad y eficacia del esfuerzo, con las consiguientes ventajas de economía de vidas, de material y de energía, que fueron dilapidadas en un terco y largo empeño desde la misma iniciación de las operaciones sin la posibilidad de ningún éxito.

Tampoco estas últimas consideraciones encontraron acogida favorable en las resoluciones del General. Al parecer, ya todo estaba dispuesto para la operación proyectada y el amor propio o la fe en la propia concepción influyeron para que desapareciese la posibilidad de su modificación. Es la única explicación que podía encontrarse desde el punto de vista de la benevolencia para que fuesen desechadas razones tan precisas y que demostraban, de una manera innegable, los errores cometidos en la realización de una empresa semejante en las exigencias de lugar y tiempo, condiciones elementales para lograr un resultado militar favorable.

Así terminó aquella entrevista. No obstante, me retiré confiado, esperanzado en que el Comandante en Jefe meditaría, en último término, sobre mis observaciones que me parecían, más que nunca, justas.

Sin embargo, sería harto superficial considerar el problema con tan simples reflexiones. La cuestión era mucho más seria de fondo de lo que pudiera presumirse, pues caía dentro de los dominios de la aplicación de una determinada escuela y respondía decididamente al carácter de nuestro Comandante en Jefe.

Es por todos conocidos que, particularmente, como experiencia de la primera guerra mundial y otras causas, había surgido con renovada fuerza, especialmente en el sentido francés, la teoría de la guerra de desgaste, sustentada en la idea de la imposibilidad de alcanzar la victoria en el tradicional estilo de la batalla de aniquilamiento, dada la circunstancia del advenimiento de la guerra total, con su secuela de la entrada en acción de ejércitos de millones de hombres dotados de equipos y organizaciones defensivas invulnerables, frentes extensísimos, con profundidades de decenas de kilómetros, carentes de flancos, etc.

En otros términos, en la teoría de la guerra de desgaste, el objetivo general único es considerado imposible en razón de que la maniobra necesariamente se contrae y escapa fatalmente a ella gran parte de las fuerzas enemigas. Y entonces, la guerra se concreta, como la misma denominación sugiere, en la ejecución de acciones de objetivos limitados, que gradualmente, van quebrando la moral a las fuerzas enemigas, hasta que llega un momento en que éstas, en presencia de la crisis provocada por el desequilibrio y la desarticulación, comprendan que la prosecución de la lucha resulta inútil, se consideren vencidas, y pidan la paz.

El ideal del Gral. Estigarribia estaba totalmente dentro de esta tendencia moderna de la guerra. En el teatro del Chaco, y al servicio de pueblos que no disponían de millares de hombres ni de recursos materiales ni técnicos, era estéril y en cierto modo perjudicial, por cuanto la situación moral del enemigo superaba los efectos del desgaste y nuestro poder, por circunstancias geográficas, era inferior al del adversario a esa altura de la guerra.

Tanto el ejército paraguayo como el boliviano, ni en sus mejores momentos, contaron nunca con efectivos de primera línea superiores a los cuarenta mil hombres desplegados en cientos de kilómetros. La profundidad de los frentes era nula, reduciéndose a posiciones o velos debilísimos de una sola línea y casi sin reservas por la enormidad de los espacios que obligadamente debían ser cubiertos. Muchas veces, flancos descubiertos de decenas de kilómetros dejaban virtualmente en el aire vitales puntos estratégicos.

En consecuencia, ¿era lógico que en tales condiciones fuese adoptado el método de la guerra de desgaste? Es evidente que no; pero siendo difícil alterar la invariable ley de la vida que nos enseña que la conducta es el reflejo del carácter, el método empleado conciliaba muy bien con el espíritu eminentemente cauteloso y la tozuda disposición negativa del Conductor de asumir los grandes riesgos.

Y, uno se preguntará, ¿a qué condujo todo esto? El osario del Chaco, y el sacrificio estéril de tantos heroicos esfuerzos del pueblo en armas, y, ningún mérito extraordinario para el General Estigarribia, porque el estilo no daba para más. Como acontece a los que han elegido este método de conducción, no llegaron a protagonizar el acontecimiento esencial, el fin capital de la estrategia, la victoria decisiva. Consiguientemente, se le esfumó para siempre el insigne honor de figurar en la ambicionada galería de conductores militares sobresalientes.

En vísperas ya de la iniciación de la batalla, con miras a realizar una efectiva acción de colaboración en cumplimiento de la acción de maniobras tácticas de aferramiento y fijación del enemigo que me había sido asignada, me trasladé nuevamente a Campo Aceval, y ordené la inmediata ejecución de los preparativos para asegurar la supremacía de mi misión, sobre las posiciones de Gondra.

La I División, a mi mando, desplegada en un extenso sector de más de treinta kilómetros, aislada del resto del Ejército, virtualmente ya no disponía de los efectivos indispensables para la ejecución de operaciones ofensivas, por insignificantes que fueran sus alcances.

Mi intención era que al ocupar un sector mucho más reducido, quedase liberado el mayor número posible de efectivos —por lo menos un Regimiento— con el cual pasar al ataque en momentos en que el enemigo tomase nuevamente contacto con nuestras nuevas posiciones, y, en caso de éxito, nuestros inquebrantables deseos y esperanzas que la batalla fuese conducida por el lógico y sensato camino del de Gondra, por la fuerza de las circunstancias impuestas por los efectos de la nueva situación creada.

Fui autorizado para ejecutar esta maniobra y la cumplimos con todo éxito, adoptando mediante todas las medidas y recursos, de modo que el adversario quedase confundido acerca de nuestra real intención y nos presionase en las nuevas posiciones, oportunidad en que la unidad de maniobra, situada en posición favorable y elegida de antemano, desencadenaría su ataque envolvente.

Desafortunadamente, nuestras previsiones no fueron cumplidas. El enemigo procedió con extrema cautela y no tomó contacto con nosotros, sino después de mucho tiempo. La verdad es que nuestra maniobra coincidió con otra del enemigo que partía del Sudeste de Zenteno y estaba encaminada a cortar la ruta Nanawa–Falcón en Campo Aceval amenazando la espalda de la I División. Frente a ella tuvimos que contramarcharnos desde Gondra y al fin empleamos nuestras reservas, desapareciendo con ello la posibilidad de llevar adelante nuestro plan de ataque. Con estas maniobras, perdimos también para siempre la favorabilísima situación con que contábamos en Campo Vía, desde que teníamos íntegramente la posición a operar por detrás del enemigo de Zenteno y Saavedra.

Se inician las operaciones sobre Zenteno

(17 de octubre de 1933)

En las primeras horas del día 17 de octubre, y luego de frecuentes y prolongadas postergaciones, fueron iniciadas las operaciones con un potente ataque por parte de la División de Reserva General arrancando de Falcón en dirección general de Km. 7 del camino Zenteno–Saavedra. Dicha operación fue un fracaso rotundo, frenado en seco, y estrellándose contra las posiciones inexpugnables del enemigo que estando en antecedentes, lo estaba aguardando. Luego, no operó más, para ser abandonado definitivamente este aspecto del Plan.

Posteriormente, y ya a mediados de noviembre, es reiniciada la operación envolvente con la 7ª División de Infantería por el lado Oeste, acompañada de una presión general en todo el frente del I Cuerpo, con diversas alternativas para llegar a su objetivo en cerca de dos meses de esfuerzos y sacrificios inenarrables, que el soldado paraguayo venció con heroísmo y abnegación dignos de su estirpe. Esta operación envolvente fue concebida y realizada con el convencimiento de que el camino Zenteno–Saavedra constituía la única ruta de comunicación enemiga con sus respectivas bases. Resultó, sin embargo, que el enemigo disponía de otras, con lo que el corte de aquel camino, por ese lado, resultaba inútil, y de ninguna manera podía provocar la ruptura del equilibrio a nuestro favor.

Se puede asegurar, pues, que la operación empeñada por el I Cuerpo de Ejército, reforzado por el II Cuerpo, menos un Regimiento, en contra del enemigo situado en Zenteno, fue un esfuerzo verdaderamente heroico, pero mal dirigido y peor concebido, que solo trajo como resultado la pérdida de millares de vidas paraguayas. En la historia de la guerra del Chaco, la batalla del 17 de octubre de 1933 sobre Zenteno, quedará como un ejemplo de lo que no debe hacerse en la conducción de una batalla. Estigarribia, de quien tanto esperábamos, no supo aprovechar el momento de nuestra supremacía moral y material para asestar el golpe definitivo que habría significado el fin de la guerra.




sábado, 11 de abril de 2026

Mossad: Operación "Ingeniero", el asesinato de Yahya Ayash



LA LLAMADA DE LA MUERTE: Cómo el Mossad VOLÓ LA CABEZA del "Ingeniero" con un Teléfono Celular


Gaza 5 de enero de 1996, 9:0 de la mañana. En una casa segura en Beit Laya, un hombre joven de apariencia tranquila y estudiosa sostiene un teléfono celular Motorola alfa de color gris. Es un objeto de lujo en la franja de Gaza de los 90, un símbolo de estatus y supuestamente una herramienta de seguridad.
El hombre es Yahya Ayash, pero en las calles de Palestina y en las oficinas de inteligencia de Telaviv nadie lo llama por su nombre. Lo llaman el ingeniero. Es el hombre más buscado de Oriente Medio. El fantasma que ha enseñado a jamás a fabricar bombas humanas indetectables. El arquitecto de la muerte de casi 100 israelíes. Ayh, sonríe.
Es su padre quien llama. no ha hablado con él en semanas debido a la persecución implacable del Shinbet, el servicio de seguridad interna de Israel. Se lleva el teléfono a la oreja derecha. ¿Cómo estás, padre? Pregunta. A kilómetros de altura, un avión de vigilancia israelí capta señal. En una sala de control en Telif, una computadora analiza la voz.
Las ondas coinciden. Es él. Un oficial del Shin Betiona un botón. No hay misil. No hay un equipo de asalto derribando la puerta. La muerte está en su mano. Dentro del teléfono, ocultos en la batería, hay 50 g de RDX, un explosivo militar de alta potencia. Pero no es una explosión cualquiera. Los ingenieros israelíes han diseñado la carga con una forma cóncava, perfecta, para dirigir toda la fuerza de la explosión hacia un solo punto, el cráneo del usuario.
En una fracción de segundo, la cabeza del ingeniero desaparece en una nube roja. Su mano, todavía sosteniendo la parte inferior del teléfono intacta, cae al suelo. El hombre que llenó de bombas los autobuses de Telaviv acaba de ser asesinado por la única cosa en la que confiaba para mantenerse conectado con el mundo.


viernes, 10 de abril de 2026

Francia: Guayana, la colonia penal

Guayana Francesa - Colonia Penitenciaria

REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:




Los primeros asentamientos franceses en la Guayana datan de 1624 con la fundación de Sinamaria, y de Cayena en 1635 y muchos caseríos cuyos habitantes se dedicaban a la tala de la caoba y a la recolección de la pimienta silvestre, que dio su nombre a la capital de la colonia (Cayena). Casi un siglo y medio después, en 1763, durante el reinado de Luis XV (1710- 1774), se trasladaron a la Guayana alrededor de 13.000 colonos provenientes del Canadá, dominio que Francia había perdido a raíz de la guerra de los 7 años con Inglaterra. Esta masiva inmigración se vio afectada, desde que arribó a la nueva tierra, por una terrible epidemia de fiebre amarilla que mató a casi 12.000 colonos.

Los sobrevivientes se refugiaron en un grupo de islas situadas en el Atlántico a 19 kilómetros de la costa, y a 55 Km de Cayena, a las que llamaron Islas de la salud.

Las tres islas que configuran el pequeño archipiélago fueron bautizadas de la siguiente manera: a la mayor se la llamó La Real en homenaje a Luis XV, la que le seguía en extensión fue nombrada San José, en honor del Santo Patrono de la colonización y la más pequeña como Del Diablo, porque los sobrevivientes atribuyeron al maligno la furia que despliega el mar en el angosto canal que la separa de La Real.

En 1794 el gobierno surgido de la Revolución de 1789, que destronó a Luis XVI, acuciado por apremiantes dificultades económicas y jaqueado militarmente por casi todas las monarquías europeas, decidió desactivar las colonias penitenciarias de la Nueva Caledonia, en el Océano Indico, y puso sus ojos en la Guayana, mucho más próxima a la metrópoli y por lo tanto más viable desde el aspecto financiero. En 1795 desde la fortaleza de Saint Martín du Re partió el primer contingente de prisioneros hacia América.

Los reclusos eran en su mayoría delincuentes de extrema peligrosidad, con prolongadas sentencias a trabajos forzados. A la caída de Napoleón, y luego de dilatadas disputas diplomáticas y militares con Inglaterra, Holanda y Portugal, se llegó a un acuerdo, y en 1817 se firmó el tratado por el cual Francia logró el reconocimiento de la posesión de lo que es actualmente su colonia de las Guayanas. La colonia penitenciaria siguió funcionando con un pequeño número de reclusos que vivían en un estado de semilibertad hasta 1852, año en que Napoleón III decretó su habilitación en las condiciones que existió hasta 1937, año en que fue suprimida. Primitivamente la administración penitenciaria se estableció en La Real, pero pocos años después, en 1857 aproximadamente, fue trasladada definitivamente a Cayena, lugar en que permaneció hasta su desaparición.

El territorio penitenciario se ubicó en terrenos adyacentes a Saint Laurent du Maroní, sobre el río Maroní, que hace de frontera natural con la Guayana Holandesa (actual Surinam) frente a la población de Albina, pero había además campamentos de forzados alrededor de casi todos los asentamientos de población. En las Islas de la Salud se confinaba a los condenados de mala conducta, llamados en la jerga carcelaria "INCOS" (de incorregibles); éstos eran recluidos en La Real.

En Saint Joseph estaban las temibles celdas de confinamiento solitario, que entre nosotros hizo famosas Adolfo Bioy Casares en su inolvidable novela "Plan de evasión"; en tanto, y a pesar que la imaginación popular une a la Isla del Diablo a lo más tenebroso del penal, ésta estaba destinada a la reclusión de presos políticos. El primer habitante de la Isla del Diablo, que vivió en soledad desde 1893 a 1898, fue el capitán Louis Dreyfus, que había sido injustamente condenado por traición a la patria; quienes lo siguieron, calculados entre 18 y 20 hasta la clausura del penal, también fueron prisioneros políticos.

Los forzados eran concentrados para su deportación en la prisión de Saint Martín du Re, la lúgubre fortaleza en las proximidades de La Rochelle donde los mosqueteros de Luis XIII rechazaron al Duque de Buckingham; posteriormente eran embarcados en un buque prisión rumbo a América.

Los dos últimos buques prisión que cumplieron el servicio fueron el "La Loire", torpedeado por los alemanes en 1916, y el "La Martiniere", hasta 1937.

Estas naves poseían en sus bodegas varios calabozos con capacidad para 90 hombres cada uno, en condiciones de total hacinamiento.

Al llegar a Saint Laurent du Maroní, los forzados eran uniformados con trajes a rayas rojas y blancas y suecos de madera, pasaban unos meses encerrados en barracones y posteriormente eran enviados a trabajar a los campamentos de la selva.

La labor principal que efectuaban era la tala de árboles, aunque también construían caminos, desmontaban la selva y recogían pimienta silvestre. La pésima alimentación que recibían estaba en proporción con el trabajo realizado. La mala conducta les significaba el traslado a la terrible Barraca Roja de La Real. Fugarse exponía al evadido a los peligros de la selva, las ciénagas costeras y los tiburones cebados con carne humana (los cadáveres de los presos eran arrojados al mar con éste propósito); si lograban alcanzar la Guayana Holandesa y eran capturados, se los devolvía a prisión. Amén de todos estos peligros debían enfrentarse con bandas de cazadores de evadidos que cobraban recompensa por las capturas. Ser recapturado tras una evasión conducía al reo ante el Tribunal Marítime Special, donde era condenado a las horrorosas celdas de confinamiento solitario de la Saint Joseph, llamadas "la guillotina seca". Las condenas variaban de seis meses a cinco años de confinamiento, si fuera reincidente y tuviera mala conducta; el herir de gravedad o matar a un guardia se castigaba con la muerte. Pocos de los condenados a confinamiento solitario retornaban al continente; la mayoría, al término de su pena, eran confinados con los "incos" en La Real, donde la fuga resultaba prácticamente imposible.

Una idea aproximada de las condiciones de vida en la colonia la dan las estadísticas: de los 700 forzados que arribaban por año, 400 morían en los primeros 12 meses de su estadía. Hoy lo relatado forma parte de la leyenda negra del hombre; desde 1968 funciona el Centro Espacial de Kouru de la Agencia Espacial Europea, que da ocupación a 10.000 personas. Cayena fue adquiriendo un perfil moderno, y las explotaciones de maderas, piedras preciosas y pimienta han elevado notablemente las condiciones de vida. Las viejas instalaciones carcelarias son hoy museos y centros de atracción turística.

Bibliografía:

La guillotina seca-Rene Belbenoit - EdAlfa Argentina i 972

Plan de Evasión - Adolfo Bioy Casares - EMECE 1974

Papillon - Henil Chamere - EMECE I 970

miércoles, 8 de abril de 2026

GCE: Granadas caseras FAI lanzadas con hondas

Granadas lanzadas por hondas




La granada FAI. Un arma casera fabricada por anarquistas durante la Guerra Civil Española. Tiene un mecanismo similar al de la granada Mills, pero la palanca se mantiene presionada mediante una cuerda fina. Por favor, deténganse (desesperación). George Orwell dijo que la granada es imparcial y mata a quien la lanza. La fuente es "Homenaje a Cataluña".

 


Durante el asedio del Alcázar en 1936, los mineros españoles simpatizantes de la causa republicana utilizaban hondas para lanzar cartuchos de dinamita a la guarnición nacionalista. 

martes, 7 de abril de 2026

Guerra del Chaco: Desfile de prisioneros bolivianos en Asunción

Asunción - Paraguay (post guerra)




Más de 20.000 bolivianos marchando en Asunción.

Al iniciar la guerra del Chaco su sueño era marchar victoriosos por las calles de la capital...

Pero al final de la guerra terminaron marchando como prisioneros.

lunes, 6 de abril de 2026

Unión Soviética: El experimento social de la isla caníbal

La isla caníbal soviética


 


En mayo de 1933, alrededor de 6.700 prisioneros fueron deportados a la isla de Nazino, ubicada en el río Ob en Siberia Occidental. Enviados a construir un "asentamiento especial" y cultivar la isla, los deportados fueron abandonados con escasas provisiones de harina, sin herramientas y prácticamente sin ropa ni refugio para sobrevivir al clima siberiano. Las condiciones se deterioraron rápidamente y resultaron en enfermedades generalizadas, violencia y canibalismo. En 13 semanas, más de 4.000 de los deportados habían muerto o desaparecido. Wikipedia

La mayoría de las víctimas habían sido arrestadas simplemente por no llevar consigo el pasaporte interno, un documento creado en 1932 durante la administración de Stalin para controlar el movimiento de los ciudadanos. CIPDH

Sin embargo, el texto que citas contiene algunos detalles ligeramente exagerados o imprecisos respecto a las fuentes históricas:

Lo que es preciso: el número de deportados (~6.700), la falta de herramientas y refugio, el flour como única comida, la disentería, el canibalismo generalizado, los más de 4.000 muertos, que el gobierno soviético suprimió la información por décadas, y el testimonio sobre la mujer con las pantorrillas cortadas.

Lo que es impreciso o dramatizado: La historia dice que la isla era "sin árboles", pero en realidad era pantanosa con vegetación. Cuando el investigador Velichko llegó en agosto, "la hierba en la isla llegaba hasta la cabeza". RFE/RL El relato también presenta los 13 semanas como el plazo completo, pero el asentamiento fue disuelto antes del mes, y los 2.856 deportados sobrevivientes fueron trasladados a otros asentamientos río arriba. History Collection

En esencia, es una historia real y verificada por documentos de archivo soviéticos y testimonios de sobrevivientes. Fue suprimida por décadas y solo salió a la luz pública en 1988, durante la Glasnost.

sábado, 4 de abril de 2026

Cártago: El bestial sacrificio de niños

La salvaje adoración al demonio Baal





La evidencia arqueológica revela que la antigua Cartago practicaba sacrificios infantiles a una escala que antes se descartaba como propaganda romana. El Tofet de Cartago, un cementerio sagrado que data del 800 al 146 a. C., contiene miles de urnas llenas de restos carbonizados de bebés y niños. Las excavaciones modernas y los análisis óseos confirman que no se trataba de mortinatos ni muertes naturales, sino de sacrificios rituales deliberados realizados durante períodos de crisis y como ofrendas a los dioses Baal Hammon y Tanit.

La práctica, llamada molk en las inscripciones púnicas, se dirigía a los niños de las familias cartaginesas de élite. Los padres ofrecían a sus primogénitos durante derrotas militares, hambrunas o plagas, creyendo que el sacrificio les devolvería el favor divino. Las inscripciones en piedras conmemorativas describen estas ofrendas explícitamente. Historiadores romanos y griegos, como Diodoro Sículo y Plutarco, documentaron la práctica con horroroso detalle, describiendo estatuas de bronce con los brazos extendidos bajo las cuales el fuego consumía a los niños vivos mientras los tambores ahogaban sus gritos.

Análisis isotópicos recientes de huesos demuestran que la mayoría de las víctimas provenían de familias adineradas, lo que contradice las teorías de que los pobres sustituyeron a los niños esclavos. Las pruebas de ADN muestran que muchos eran descendientes biológicos de quienes encargaron las lápidas funerarias. La práctica alcanzó su apogeo durante las mayores crisis de Cartago: la invasión de Agatocles en el 310 a. C., según se informa, desencadenó un sacrificio masivo de 500 niños de familias nobles, ya que los cartagineses creían que su decadente fortuna se debía a ofrecer niños comprados en lugar de los suyos.

Los romanos utilizaron estos sacrificios como justificación moral para la destrucción de Cartago. Si bien la propia Roma practicaba el infanticidio mediante la exposición, presentaban el sacrificio ritual cartaginés como una prueba bárbara de inferioridad cultural. Esta propaganda resultó eficaz: el sacrificio de niños cartaginés se convirtió en el ejemplo arquetípico de la depravación antigua, utilizado durante dos milenios para caracterizar a los enemigos como fundamentalmente malvados.

La ciencia arqueológica ha reivindicado el testimonio antiguo que los académicos antaño rechazaron como propaganda de guerra. Las 20.000 urnas del Tofet constituyen la evidencia física de una sociedad que sistemáticamente asesinaba a sus niños en épocas de tensión. Lo que una vez pareció demasiado monstruoso para ser real resultó ser cierto, demostrando que incluso el escepticismo moderno puede subestimar la brutalidad histórica al enfrentarse a prácticas que violan los instintos humanos fundamentales.

El sacrificio de niños cartaginés moldeó profundamente el marco moral y las estrategias de propaganda de la civilización occidental durante milenios. Esta práctica se convirtió en la evidencia definitiva del cristianismo sobre la maldad pagana, reforzando las afirmaciones monoteístas de superioridad moral y justificando la conquista religiosa. Estableció un modelo para la propaganda en tiempos de guerra —atribuir el asesinato de niños a los enemigos— que persiste hoy en la retórica de los conflictos. La destrucción romana de Cartago, moralmente justificada por estos sacrificios, normalizó el genocidio cultural como una acción justa contra las prácticas "bárbaras". La confirmación de los relatos antiguos por parte de la arqueología moderna obliga a reconocer, de forma incómoda, que el escepticismo puede convertirse en negación y que las sociedades sometidas a una tensión extrema pueden adoptar prácticas impensables. El debate sobre los sacrificios cartagineses sigue influyendo en la forma en que los historiadores abordan los testimonios antiguos, creando una tensión duradera entre el respeto a las fuentes originales y la evitación de la repetición propagandística. Más significativamente, demuestra cómo las atrocidades auténticas se convierten en narrativas instrumentalizadas, lo que dificulta nuestra capacidad para distinguir la verdad histórica de la exageración política, un problema que trasciende la historia antigua.