domingo, 12 de abril de 2026

Guerra del Chaco: La batalla de Campo Vía (1/5)





 

V

BATALLA DE CAMPO VÍA

(Una victoria frustrada)

Zenteno y Campo Vía son la indudable consecuencia de las acciones ofensivas victoriosas de Gondra, primero, y de Pozo Favorito y Pampa Grande después, que tuvieron la virtud de decidir, por fin, en el ánimo del Comandante en Jefe del Ejército que la hora de abandonar la negativa actitud defensiva había llegado.

Como se verá, esta acción de guerra, la batalla de Zenteno, ya estaba planteada en una escala más importante, aunque de ninguna manera representó las características de una auténtica acción que persiguiese proporciones de objetivos de envergadura total como cabía esperar y era altamente deseable, como absolutamente posible. Pero lo más curioso y desconcertante, aunque explicable, como se verá después, reside en la dirección superior del Ejército que, a pesar de encontrarse en situación favorable, dirigió sus esfuerzos iniciales desde puntos y distancias tales que, dada la peculiaridad de esta guerra impuesta por la naturaleza del terreno, jamás podría proporcionar las ventajas de la velocidad, de manera que se pudiese alcanzar la sorpresa, factor decisivo para el éxito. Y este error, francamente injustificable, hizo que la batalla de Zenteno malograse desde sus comienzos, costando al Ejército de campaña, ya bastante debilitado, desviado e inusitado de su objetivo, un elevado número de bajas, entre ellas seis mil muertos y heridos.

En fin, la cuestión importante era la voluntad de abandonar la negativa actitud defensiva, la “psicología del muro” o el espíritu de la línea Maginot, muy peligrosamente desarrollados entonces en la mentalidad de los dirigentes del Ejército, y que, felizmente, fue rota gracias a que nuestra capacidad agresiva, tan indispensable para el éxito en la guerra, no fue vulnerada en el espíritu de los hombres de Gondra, lo que tuvo, por lo demás, evidentes expresiones en las acciones ofensivas victoriosas del mes de julio de 1933, tal como lo hemos comentado anteriormente. Por último, la bestia ya estaba suficientemente sosegada y cuadrada y era ya llegada la hora de que se asestase la estocada final.

Planes del Comandante en Jefe del Ejército

La situación de ambos contendores, en vísperas de la iniciación de la batalla de Zenteno, era la siguiente:

El I Cuerpo de Ejército Paraguayo, que defendía el frente de Arce, incluidos los de Herrera y Falcón y al que correspondía la responsabilidad del esfuerzo principal, fue reforzado por el II Cuerpo de Ejército, menos un Regimiento de Infantería y la División de Reserva General. La IX División Boliviana reforzada, objetivo del ataque paraguayo, ocupaba el frente de Zenteno (Alihuatá) y estaba desplegada desde Pozo Charcas hasta más al Oeste de Puesto J., cubriendo todos los accesos que conducen a las bases de Saavedra y Muñoz desde el Norte.

Cuando todo parecía indicar la inminencia de la batalla, por razones de servicio, y sobre todo, porque deseaba conocer los lineamientos e intención de las operaciones que esbozaba el Mando, me trasladé a Fortín Galpón, asiento adelantado del Cuartel General del Ejército, en ausencia del general Estigarribia, que se encontraba en Asunción en misión de servicio, así como del general Franco, quien accidentalmente había sufrido una herida en la pierna.

La confirmación de la inminencia de la operación, sin embargo, no me fue difícil obtenerla, pues me lo anunció el propio jefe de Estado Mayor general, coronel Garay.

En esa oportunidad me hizo saber el plan proyectado, el cual consistía en que: EL CUERPO DE EJÉRCITO PARAGUAYO, CON SUS DOS DIVISIONES PRINCIPALES, INTERCEPTARA EL CAMINO ZENTENO–SAAVEDRA, DESDE EL SUR DE FALCÓN, Y DESDE EL NORTE LAS ENEMIGAS DE POZO CHARCAS. Y COMO VARIANTE, POR SI FALLABA ESTE PLAN, RESERVABA UNA MANIOBRA ENVOLVENTE CON OTRA DIVISIÓN POR EL OESTE, CON IDÉNTICO OBJETIVO.

Le manifesté:

a) Que conocía personalmente el sector defensivo del enemigo desde Gondra hasta la altura de Zenteno por haberlo reconocido minuciosamente y que era muy potente y casi inexpugnable por una selva y maleza de las más enmarañadas del Chaco.

b) Que siendo imposible ejecutar las acciones preliminares en silencio y desde tan lejos del punto crítico, camino Zenteno–Saavedra, circunstancia que denunciaría nuestra acción, el factor decisivo de la sorpresa podría considerarse descartado.

c) Que esa operación, de ninguna manera podría alcanzar el objetivo de aislar a la IX División Boliviana, por la razón de que la misma contaba con otra ruta —Alihuatá Viejo–Puesto Moreno— que era objeto de preferente atención según informes de patrullas y era tan eficiente como el antiguo camino a Saavedra.

En cuanto a la variante, maniobra envolvente por el ala occidental, aunque más racional, resultaba más intrincada aún, pues si alcanzaba el buen éxito, interceptaría las dos comunicaciones con que contaba el enemigo para conectarse con sus bases. No obstante, entonces, que disponía de otra, que corría por detrás del sector de la IV División boliviana hacia Saavedra. Se expuso el siguiente razonamiento:

a) Porque tropezaría con las mismas dificultades puntualizadas anteriormente, agravadas por la circunstancia de que se resolvería en un espacio mucho más prolongado, unos 70 kilómetros, para alcanzar su objetivo.

b) Que en esa dirección, lógicamente, la vigilancia del enemigo sería mucho más activa, como consecuencia de nuestras recientes acciones ofensivas y por el interés puesto en la defensa de Puesto Sosa, más vulnerable a nuestra acción y estratégicamente más importante, pues su captura nos abriría la posibilidad de flanquear y aislar a la totalidad del frente del I Cuerpo Boliviano.

La falta de experiencia y pragmatismo en el planteo de esta batalla era evidente. Consistía, como ha ocurrido muchas veces en esa guerra, en una de esas concepciones de determinadas academias, desprovistas de los factores elementales indispensables, determinantes del éxito: la SORPRESA.

Pregunté finalmente al Comandante en Jefe qué razones le obligaban a empeñarse en operaciones tan difíciles y complicadas, teniendo virtualmente cortado al enemigo en el objetivo y solamente a pocos kilómetros más al sud del punto elegido en su Plan.

Efectivamente, mi División estaba, entonces, situada a espaldas mismas del enemigo, a nada más que cinco kilómetros del objetivo, en Campo Vía, a raíz de las afortunadas operaciones de julio, y sin exagerar, casi todos los días ocupaba con patrullas el camino Zenteno–Saavedra a la altura del Km. 19, poco más o menos.

La operación, además de que el objetivo de la misma era ampliado, persiguiendo el mismo objetivo de la destrucción de la D.I.4 enemiga, consistiría, pues, en una incursión sorpresiva sobre dicho camino, en el sitio precisamente indefenso y controlado por nosotros. Atacar las espaldas de las posiciones enemigas de Zenteno, asegurándose convenientemente del lado de Saavedra, o viceversa, que sería más efectivo. Sintetizando, dejar cortados a los bolivianos en Zenteno y operar directamente sobre Saavedra, en pos de una operación de escala total.

Este proyecto permitía, por lo demás, contar desde el principio de la batalla con una División más, la Primera, circunstancia que hubiera gravitado extraordinariamente sobre la brevedad, simplicidad y eficacia del esfuerzo, con las consiguientes ventajas de economía de vidas, de material y de energía, que fueron dilapidadas en un terco y largo empeño desde la misma iniciación de las operaciones sin la posibilidad de ningún éxito.

Tampoco estas últimas consideraciones encontraron acogida favorable en las resoluciones del General. Al parecer, ya todo estaba dispuesto para la operación proyectada y el amor propio o la fe en la propia concepción influyeron para que desapareciese la posibilidad de su modificación. Es la única explicación que podía encontrarse desde el punto de vista de la benevolencia para que fuesen desechadas razones tan precisas y que demostraban, de una manera innegable, los errores cometidos en la realización de una empresa semejante en las exigencias de lugar y tiempo, condiciones elementales para lograr un resultado militar favorable.

Así terminó aquella entrevista. No obstante, me retiré confiado, esperanzado en que el Comandante en Jefe meditaría, en último término, sobre mis observaciones que me parecían, más que nunca, justas.

Sin embargo, sería harto superficial considerar el problema con tan simples reflexiones. La cuestión era mucho más seria de fondo de lo que pudiera presumirse, pues caía dentro de los dominios de la aplicación de una determinada escuela y respondía decididamente al carácter de nuestro Comandante en Jefe.

Es por todos conocidos que, particularmente, como experiencia de la primera guerra mundial y otras causas, había surgido con renovada fuerza, especialmente en el sentido francés, la teoría de la guerra de desgaste, sustentada en la idea de la imposibilidad de alcanzar la victoria en el tradicional estilo de la batalla de aniquilamiento, dada la circunstancia del advenimiento de la guerra total, con su secuela de la entrada en acción de ejércitos de millones de hombres dotados de equipos y organizaciones defensivas invulnerables, frentes extensísimos, con profundidades de decenas de kilómetros, carentes de flancos, etc.

En otros términos, en la teoría de la guerra de desgaste, el objetivo general único es considerado imposible en razón de que la maniobra necesariamente se contrae y escapa fatalmente a ella gran parte de las fuerzas enemigas. Y entonces, la guerra se concreta, como la misma denominación sugiere, en la ejecución de acciones de objetivos limitados, que gradualmente, van quebrando la moral a las fuerzas enemigas, hasta que llega un momento en que éstas, en presencia de la crisis provocada por el desequilibrio y la desarticulación, comprendan que la prosecución de la lucha resulta inútil, se consideren vencidas, y pidan la paz.

El ideal del Gral. Estigarribia estaba totalmente dentro de esta tendencia moderna de la guerra. En el teatro del Chaco, y al servicio de pueblos que no disponían de millares de hombres ni de recursos materiales ni técnicos, era estéril y en cierto modo perjudicial, por cuanto la situación moral del enemigo superaba los efectos del desgaste y nuestro poder, por circunstancias geográficas, era inferior al del adversario a esa altura de la guerra.

Tanto el ejército paraguayo como el boliviano, ni en sus mejores momentos, contaron nunca con efectivos de primera línea superiores a los cuarenta mil hombres desplegados en cientos de kilómetros. La profundidad de los frentes era nula, reduciéndose a posiciones o velos debilísimos de una sola línea y casi sin reservas por la enormidad de los espacios que obligadamente debían ser cubiertos. Muchas veces, flancos descubiertos de decenas de kilómetros dejaban virtualmente en el aire vitales puntos estratégicos.

En consecuencia, ¿era lógico que en tales condiciones fuese adoptado el método de la guerra de desgaste? Es evidente que no; pero siendo difícil alterar la invariable ley de la vida que nos enseña que la conducta es el reflejo del carácter, el método empleado conciliaba muy bien con el espíritu eminentemente cauteloso y la tozuda disposición negativa del Conductor de asumir los grandes riesgos.

Y, uno se preguntará, ¿a qué condujo todo esto? El osario del Chaco, y el sacrificio estéril de tantos heroicos esfuerzos del pueblo en armas, y, ningún mérito extraordinario para el General Estigarribia, porque el estilo no daba para más. Como acontece a los que han elegido este método de conducción, no llegaron a protagonizar el acontecimiento esencial, el fin capital de la estrategia, la victoria decisiva. Consiguientemente, se le esfumó para siempre el insigne honor de figurar en la ambicionada galería de conductores militares sobresalientes.

En vísperas ya de la iniciación de la batalla, con miras a realizar una efectiva acción de colaboración en cumplimiento de la acción de maniobras tácticas de aferramiento y fijación del enemigo que me había sido asignada, me trasladé nuevamente a Campo Aceval, y ordené la inmediata ejecución de los preparativos para asegurar la supremacía de mi misión, sobre las posiciones de Gondra.

La I División, a mi mando, desplegada en un extenso sector de más de treinta kilómetros, aislada del resto del Ejército, virtualmente ya no disponía de los efectivos indispensables para la ejecución de operaciones ofensivas, por insignificantes que fueran sus alcances.

Mi intención era que al ocupar un sector mucho más reducido, quedase liberado el mayor número posible de efectivos —por lo menos un Regimiento— con el cual pasar al ataque en momentos en que el enemigo tomase nuevamente contacto con nuestras nuevas posiciones, y, en caso de éxito, nuestros inquebrantables deseos y esperanzas que la batalla fuese conducida por el lógico y sensato camino del de Gondra, por la fuerza de las circunstancias impuestas por los efectos de la nueva situación creada.

Fui autorizado para ejecutar esta maniobra y la cumplimos con todo éxito, adoptando mediante todas las medidas y recursos, de modo que el adversario quedase confundido acerca de nuestra real intención y nos presionase en las nuevas posiciones, oportunidad en que la unidad de maniobra, situada en posición favorable y elegida de antemano, desencadenaría su ataque envolvente.

Desafortunadamente, nuestras previsiones no fueron cumplidas. El enemigo procedió con extrema cautela y no tomó contacto con nosotros, sino después de mucho tiempo. La verdad es que nuestra maniobra coincidió con otra del enemigo que partía del Sudeste de Zenteno y estaba encaminada a cortar la ruta Nanawa–Falcón en Campo Aceval amenazando la espalda de la I División. Frente a ella tuvimos que contramarcharnos desde Gondra y al fin empleamos nuestras reservas, desapareciendo con ello la posibilidad de llevar adelante nuestro plan de ataque. Con estas maniobras, perdimos también para siempre la favorabilísima situación con que contábamos en Campo Vía, desde que teníamos íntegramente la posición a operar por detrás del enemigo de Zenteno y Saavedra.

Se inician las operaciones sobre Zenteno

(17 de octubre de 1933)

En las primeras horas del día 17 de octubre, y luego de frecuentes y prolongadas postergaciones, fueron iniciadas las operaciones con un potente ataque por parte de la División de Reserva General arrancando de Falcón en dirección general de Km. 7 del camino Zenteno–Saavedra. Dicha operación fue un fracaso rotundo, frenado en seco, y estrellándose contra las posiciones inexpugnables del enemigo que estando en antecedentes, lo estaba aguardando. Luego, no operó más, para ser abandonado definitivamente este aspecto del Plan.

Posteriormente, y ya a mediados de noviembre, es reiniciada la operación envolvente con la 7ª División de Infantería por el lado Oeste, acompañada de una presión general en todo el frente del I Cuerpo, con diversas alternativas para llegar a su objetivo en cerca de dos meses de esfuerzos y sacrificios inenarrables, que el soldado paraguayo venció con heroísmo y abnegación dignos de su estirpe. Esta operación envolvente fue concebida y realizada con el convencimiento de que el camino Zenteno–Saavedra constituía la única ruta de comunicación enemiga con sus respectivas bases. Resultó, sin embargo, que el enemigo disponía de otras, con lo que el corte de aquel camino, por ese lado, resultaba inútil, y de ninguna manera podía provocar la ruptura del equilibrio a nuestro favor.

Se puede asegurar, pues, que la operación empeñada por el I Cuerpo de Ejército, reforzado por el II Cuerpo, menos un Regimiento, en contra del enemigo situado en Zenteno, fue un esfuerzo verdaderamente heroico, pero mal dirigido y peor concebido, que solo trajo como resultado la pérdida de millares de vidas paraguayas. En la historia de la guerra del Chaco, la batalla del 17 de octubre de 1933 sobre Zenteno, quedará como un ejemplo de lo que no debe hacerse en la conducción de una batalla. Estigarribia, de quien tanto esperábamos, no supo aprovechar el momento de nuestra supremacía moral y material para asestar el golpe definitivo que habría significado el fin de la guerra.




sábado, 11 de abril de 2026

Mossad: Operación "Ingeniero", el asesinato de Yahya Ayash



LA LLAMADA DE LA MUERTE: Cómo el Mossad VOLÓ LA CABEZA del "Ingeniero" con un Teléfono Celular


Gaza 5 de enero de 1996, 9:0 de la mañana. En una casa segura en Beit Laya, un hombre joven de apariencia tranquila y estudiosa sostiene un teléfono celular Motorola alfa de color gris. Es un objeto de lujo en la franja de Gaza de los 90, un símbolo de estatus y supuestamente una herramienta de seguridad.
El hombre es Yahya Ayash, pero en las calles de Palestina y en las oficinas de inteligencia de Telaviv nadie lo llama por su nombre. Lo llaman el ingeniero. Es el hombre más buscado de Oriente Medio. El fantasma que ha enseñado a jamás a fabricar bombas humanas indetectables. El arquitecto de la muerte de casi 100 israelíes. Ayh, sonríe.
Es su padre quien llama. no ha hablado con él en semanas debido a la persecución implacable del Shinbet, el servicio de seguridad interna de Israel. Se lleva el teléfono a la oreja derecha. ¿Cómo estás, padre? Pregunta. A kilómetros de altura, un avión de vigilancia israelí capta señal. En una sala de control en Telif, una computadora analiza la voz.
Las ondas coinciden. Es él. Un oficial del Shin Betiona un botón. No hay misil. No hay un equipo de asalto derribando la puerta. La muerte está en su mano. Dentro del teléfono, ocultos en la batería, hay 50 g de RDX, un explosivo militar de alta potencia. Pero no es una explosión cualquiera. Los ingenieros israelíes han diseñado la carga con una forma cóncava, perfecta, para dirigir toda la fuerza de la explosión hacia un solo punto, el cráneo del usuario.
En una fracción de segundo, la cabeza del ingeniero desaparece en una nube roja. Su mano, todavía sosteniendo la parte inferior del teléfono intacta, cae al suelo. El hombre que llenó de bombas los autobuses de Telaviv acaba de ser asesinado por la única cosa en la que confiaba para mantenerse conectado con el mundo.


viernes, 10 de abril de 2026

Francia: Guayana, la colonia penal

Guayana Francesa - Colonia Penitenciaria

REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:




Los primeros asentamientos franceses en la Guayana datan de 1624 con la fundación de Sinamaria, y de Cayena en 1635 y muchos caseríos cuyos habitantes se dedicaban a la tala de la caoba y a la recolección de la pimienta silvestre, que dio su nombre a la capital de la colonia (Cayena). Casi un siglo y medio después, en 1763, durante el reinado de Luis XV (1710- 1774), se trasladaron a la Guayana alrededor de 13.000 colonos provenientes del Canadá, dominio que Francia había perdido a raíz de la guerra de los 7 años con Inglaterra. Esta masiva inmigración se vio afectada, desde que arribó a la nueva tierra, por una terrible epidemia de fiebre amarilla que mató a casi 12.000 colonos.

Los sobrevivientes se refugiaron en un grupo de islas situadas en el Atlántico a 19 kilómetros de la costa, y a 55 Km de Cayena, a las que llamaron Islas de la salud.

Las tres islas que configuran el pequeño archipiélago fueron bautizadas de la siguiente manera: a la mayor se la llamó La Real en homenaje a Luis XV, la que le seguía en extensión fue nombrada San José, en honor del Santo Patrono de la colonización y la más pequeña como Del Diablo, porque los sobrevivientes atribuyeron al maligno la furia que despliega el mar en el angosto canal que la separa de La Real.

En 1794 el gobierno surgido de la Revolución de 1789, que destronó a Luis XVI, acuciado por apremiantes dificultades económicas y jaqueado militarmente por casi todas las monarquías europeas, decidió desactivar las colonias penitenciarias de la Nueva Caledonia, en el Océano Indico, y puso sus ojos en la Guayana, mucho más próxima a la metrópoli y por lo tanto más viable desde el aspecto financiero. En 1795 desde la fortaleza de Saint Martín du Re partió el primer contingente de prisioneros hacia América.

Los reclusos eran en su mayoría delincuentes de extrema peligrosidad, con prolongadas sentencias a trabajos forzados. A la caída de Napoleón, y luego de dilatadas disputas diplomáticas y militares con Inglaterra, Holanda y Portugal, se llegó a un acuerdo, y en 1817 se firmó el tratado por el cual Francia logró el reconocimiento de la posesión de lo que es actualmente su colonia de las Guayanas. La colonia penitenciaria siguió funcionando con un pequeño número de reclusos que vivían en un estado de semilibertad hasta 1852, año en que Napoleón III decretó su habilitación en las condiciones que existió hasta 1937, año en que fue suprimida. Primitivamente la administración penitenciaria se estableció en La Real, pero pocos años después, en 1857 aproximadamente, fue trasladada definitivamente a Cayena, lugar en que permaneció hasta su desaparición.

El territorio penitenciario se ubicó en terrenos adyacentes a Saint Laurent du Maroní, sobre el río Maroní, que hace de frontera natural con la Guayana Holandesa (actual Surinam) frente a la población de Albina, pero había además campamentos de forzados alrededor de casi todos los asentamientos de población. En las Islas de la Salud se confinaba a los condenados de mala conducta, llamados en la jerga carcelaria "INCOS" (de incorregibles); éstos eran recluidos en La Real.

En Saint Joseph estaban las temibles celdas de confinamiento solitario, que entre nosotros hizo famosas Adolfo Bioy Casares en su inolvidable novela "Plan de evasión"; en tanto, y a pesar que la imaginación popular une a la Isla del Diablo a lo más tenebroso del penal, ésta estaba destinada a la reclusión de presos políticos. El primer habitante de la Isla del Diablo, que vivió en soledad desde 1893 a 1898, fue el capitán Louis Dreyfus, que había sido injustamente condenado por traición a la patria; quienes lo siguieron, calculados entre 18 y 20 hasta la clausura del penal, también fueron prisioneros políticos.

Los forzados eran concentrados para su deportación en la prisión de Saint Martín du Re, la lúgubre fortaleza en las proximidades de La Rochelle donde los mosqueteros de Luis XIII rechazaron al Duque de Buckingham; posteriormente eran embarcados en un buque prisión rumbo a América.

Los dos últimos buques prisión que cumplieron el servicio fueron el "La Loire", torpedeado por los alemanes en 1916, y el "La Martiniere", hasta 1937.

Estas naves poseían en sus bodegas varios calabozos con capacidad para 90 hombres cada uno, en condiciones de total hacinamiento.

Al llegar a Saint Laurent du Maroní, los forzados eran uniformados con trajes a rayas rojas y blancas y suecos de madera, pasaban unos meses encerrados en barracones y posteriormente eran enviados a trabajar a los campamentos de la selva.

La labor principal que efectuaban era la tala de árboles, aunque también construían caminos, desmontaban la selva y recogían pimienta silvestre. La pésima alimentación que recibían estaba en proporción con el trabajo realizado. La mala conducta les significaba el traslado a la terrible Barraca Roja de La Real. Fugarse exponía al evadido a los peligros de la selva, las ciénagas costeras y los tiburones cebados con carne humana (los cadáveres de los presos eran arrojados al mar con éste propósito); si lograban alcanzar la Guayana Holandesa y eran capturados, se los devolvía a prisión. Amén de todos estos peligros debían enfrentarse con bandas de cazadores de evadidos que cobraban recompensa por las capturas. Ser recapturado tras una evasión conducía al reo ante el Tribunal Marítime Special, donde era condenado a las horrorosas celdas de confinamiento solitario de la Saint Joseph, llamadas "la guillotina seca". Las condenas variaban de seis meses a cinco años de confinamiento, si fuera reincidente y tuviera mala conducta; el herir de gravedad o matar a un guardia se castigaba con la muerte. Pocos de los condenados a confinamiento solitario retornaban al continente; la mayoría, al término de su pena, eran confinados con los "incos" en La Real, donde la fuga resultaba prácticamente imposible.

Una idea aproximada de las condiciones de vida en la colonia la dan las estadísticas: de los 700 forzados que arribaban por año, 400 morían en los primeros 12 meses de su estadía. Hoy lo relatado forma parte de la leyenda negra del hombre; desde 1968 funciona el Centro Espacial de Kouru de la Agencia Espacial Europea, que da ocupación a 10.000 personas. Cayena fue adquiriendo un perfil moderno, y las explotaciones de maderas, piedras preciosas y pimienta han elevado notablemente las condiciones de vida. Las viejas instalaciones carcelarias son hoy museos y centros de atracción turística.

Bibliografía:

La guillotina seca-Rene Belbenoit - EdAlfa Argentina i 972

Plan de Evasión - Adolfo Bioy Casares - EMECE 1974

Papillon - Henil Chamere - EMECE I 970

miércoles, 8 de abril de 2026

GCE: Granadas caseras FAI lanzadas con hondas

Granadas lanzadas por hondas




La granada FAI. Un arma casera fabricada por anarquistas durante la Guerra Civil Española. Tiene un mecanismo similar al de la granada Mills, pero la palanca se mantiene presionada mediante una cuerda fina. Por favor, deténganse (desesperación). George Orwell dijo que la granada es imparcial y mata a quien la lanza. La fuente es "Homenaje a Cataluña".

 


Durante el asedio del Alcázar en 1936, los mineros españoles simpatizantes de la causa republicana utilizaban hondas para lanzar cartuchos de dinamita a la guarnición nacionalista. 

martes, 7 de abril de 2026

Guerra del Chaco: Desfile de prisioneros bolivianos en Asunción

Asunción - Paraguay (post guerra)




Más de 20.000 bolivianos marchando en Asunción.

Al iniciar la guerra del Chaco su sueño era marchar victoriosos por las calles de la capital...

Pero al final de la guerra terminaron marchando como prisioneros.

lunes, 6 de abril de 2026

Unión Soviética: El experimento social de la isla caníbal

La isla caníbal soviética


 


En mayo de 1933, alrededor de 6.700 prisioneros fueron deportados a la isla de Nazino, ubicada en el río Ob en Siberia Occidental. Enviados a construir un "asentamiento especial" y cultivar la isla, los deportados fueron abandonados con escasas provisiones de harina, sin herramientas y prácticamente sin ropa ni refugio para sobrevivir al clima siberiano. Las condiciones se deterioraron rápidamente y resultaron en enfermedades generalizadas, violencia y canibalismo. En 13 semanas, más de 4.000 de los deportados habían muerto o desaparecido. Wikipedia

La mayoría de las víctimas habían sido arrestadas simplemente por no llevar consigo el pasaporte interno, un documento creado en 1932 durante la administración de Stalin para controlar el movimiento de los ciudadanos. CIPDH

Sin embargo, el texto que citas contiene algunos detalles ligeramente exagerados o imprecisos respecto a las fuentes históricas:

Lo que es preciso: el número de deportados (~6.700), la falta de herramientas y refugio, el flour como única comida, la disentería, el canibalismo generalizado, los más de 4.000 muertos, que el gobierno soviético suprimió la información por décadas, y el testimonio sobre la mujer con las pantorrillas cortadas.

Lo que es impreciso o dramatizado: La historia dice que la isla era "sin árboles", pero en realidad era pantanosa con vegetación. Cuando el investigador Velichko llegó en agosto, "la hierba en la isla llegaba hasta la cabeza". RFE/RL El relato también presenta los 13 semanas como el plazo completo, pero el asentamiento fue disuelto antes del mes, y los 2.856 deportados sobrevivientes fueron trasladados a otros asentamientos río arriba. History Collection

En esencia, es una historia real y verificada por documentos de archivo soviéticos y testimonios de sobrevivientes. Fue suprimida por décadas y solo salió a la luz pública en 1988, durante la Glasnost.

sábado, 4 de abril de 2026

Cártago: El bestial sacrificio de niños

La salvaje adoración al demonio Baal





La evidencia arqueológica revela que la antigua Cartago practicaba sacrificios infantiles a una escala que antes se descartaba como propaganda romana. El Tofet de Cartago, un cementerio sagrado que data del 800 al 146 a. C., contiene miles de urnas llenas de restos carbonizados de bebés y niños. Las excavaciones modernas y los análisis óseos confirman que no se trataba de mortinatos ni muertes naturales, sino de sacrificios rituales deliberados realizados durante períodos de crisis y como ofrendas a los dioses Baal Hammon y Tanit.

La práctica, llamada molk en las inscripciones púnicas, se dirigía a los niños de las familias cartaginesas de élite. Los padres ofrecían a sus primogénitos durante derrotas militares, hambrunas o plagas, creyendo que el sacrificio les devolvería el favor divino. Las inscripciones en piedras conmemorativas describen estas ofrendas explícitamente. Historiadores romanos y griegos, como Diodoro Sículo y Plutarco, documentaron la práctica con horroroso detalle, describiendo estatuas de bronce con los brazos extendidos bajo las cuales el fuego consumía a los niños vivos mientras los tambores ahogaban sus gritos.

Análisis isotópicos recientes de huesos demuestran que la mayoría de las víctimas provenían de familias adineradas, lo que contradice las teorías de que los pobres sustituyeron a los niños esclavos. Las pruebas de ADN muestran que muchos eran descendientes biológicos de quienes encargaron las lápidas funerarias. La práctica alcanzó su apogeo durante las mayores crisis de Cartago: la invasión de Agatocles en el 310 a. C., según se informa, desencadenó un sacrificio masivo de 500 niños de familias nobles, ya que los cartagineses creían que su decadente fortuna se debía a ofrecer niños comprados en lugar de los suyos.

Los romanos utilizaron estos sacrificios como justificación moral para la destrucción de Cartago. Si bien la propia Roma practicaba el infanticidio mediante la exposición, presentaban el sacrificio ritual cartaginés como una prueba bárbara de inferioridad cultural. Esta propaganda resultó eficaz: el sacrificio de niños cartaginés se convirtió en el ejemplo arquetípico de la depravación antigua, utilizado durante dos milenios para caracterizar a los enemigos como fundamentalmente malvados.

La ciencia arqueológica ha reivindicado el testimonio antiguo que los académicos antaño rechazaron como propaganda de guerra. Las 20.000 urnas del Tofet constituyen la evidencia física de una sociedad que sistemáticamente asesinaba a sus niños en épocas de tensión. Lo que una vez pareció demasiado monstruoso para ser real resultó ser cierto, demostrando que incluso el escepticismo moderno puede subestimar la brutalidad histórica al enfrentarse a prácticas que violan los instintos humanos fundamentales.

El sacrificio de niños cartaginés moldeó profundamente el marco moral y las estrategias de propaganda de la civilización occidental durante milenios. Esta práctica se convirtió en la evidencia definitiva del cristianismo sobre la maldad pagana, reforzando las afirmaciones monoteístas de superioridad moral y justificando la conquista religiosa. Estableció un modelo para la propaganda en tiempos de guerra —atribuir el asesinato de niños a los enemigos— que persiste hoy en la retórica de los conflictos. La destrucción romana de Cartago, moralmente justificada por estos sacrificios, normalizó el genocidio cultural como una acción justa contra las prácticas "bárbaras". La confirmación de los relatos antiguos por parte de la arqueología moderna obliga a reconocer, de forma incómoda, que el escepticismo puede convertirse en negación y que las sociedades sometidas a una tensión extrema pueden adoptar prácticas impensables. El debate sobre los sacrificios cartagineses sigue influyendo en la forma en que los historiadores abordan los testimonios antiguos, creando una tensión duradera entre el respeto a las fuentes originales y la evitación de la repetición propagandística. Más significativamente, demuestra cómo las atrocidades auténticas se convierten en narrativas instrumentalizadas, lo que dificulta nuestra capacidad para distinguir la verdad histórica de la exageración política, un problema que trasciende la historia antigua.

jueves, 2 de abril de 2026

Islamismo: El martirio de Otranto

 En 1480, un ejército otomano (18 000 hombres, al mando de Gedik Ahmed Pasha) atacó la ciudad de Otranto, en el sur de Italia. Tras un asedio de 15 días, la ciudad fue conquistada. A los supervivientes (mayores de 15 años) se les dio un ultimátum: convertirse al islam o morir. Unos 800 se negaron. Fueron conducidos a la colina a las afueras de la ciudad (actualmente la Colina de los Mártires), donde fueron decapitados uno a uno. El primero fue el sastre Antonio Primaldo, quien exclamó: “¡Ahora es el momento de luchar por el Señor por nuestras almas!”. El arzobispo fue decapitado frente al altar de la catedral. Otros sacerdotes fueron serrados por la mitad. Mujeres y niños fueron vendidos como esclavos o asesinados. Total: decenas de miles de muertos y miles de personas esclavizadas. Esta no fue una guerra "normal", sino una masacre motivada por razones religiosas contra cristianos indefensos que se negaron a renunciar a su fe. Tras la reconquista en 1481, los cuerpos (que habían permanecido insepultos en la colina durante meses) fueron recogidos y trasladados a la catedral. Hoy en día, en la Capilla de los Mártires, vitrinas de cristal exhiben sus cráneos reales: filas y filas, cientos de ellos. Un fragmento de la historia que rara vez aparece en los libros de texto escolares… 

¿Que pasa en el año 2026? Las iglesias organizan iftars de forma voluntaria en todo el mundo. ¿Acaso esos 800 mártires sufrieron por esto? ¿Para las iglesias que ahora entregan voluntariamente lo que defendieron con su sangre?


miércoles, 1 de abril de 2026

SGM: La incursión en Vaagso

Incursión en Vaagso





La incursión en Vêgsøy el 27 de diciembre de 1941 vio a comandos británicos aterrizar en la isla noruega como parte de la Operación Tiro con Arco, golpeando posiciones alemanas en un ataque agudo y cuidadosamente planeado.
La Marina Real hizo entrar y salir la fuerza sin perder un solo barco, aunque cuatro marineros murieron y cuatro heridos durante la operación.
Los comandos pagaron un precio más alto, con 17 muertos y 53 heridos, pero la incursión logró su objetivo de perturbar las defensas alemanas y obligarlos a desviar tropas y recursos hacia la costa noruega.

martes, 31 de marzo de 2026

Argentina: Siempre representamos a los brasileños como monos

Sana costumbre




Caricatura argentina de 1870, representando al emperador de Brasil como un mono.
Algunas costumbres nunca mueren.


domingo, 29 de marzo de 2026

Medioevo: La cultura sobre sacrificios inexplicables

Medioevo, judíos y sacrificios rituales


En el folclore germánico, los troles y las brujas se basaban en los judíos.

Esto comenzó en la Edad Media, en 1144, cuando un caso en Norwich, Inglaterra, se extendió por toda Europa, provocando pogromos y expulsiones de comunidades judías.

Se decía que los judíos secuestraban, torturaban y sacrificaban ritualmente a niños cristianos para usar su sangre en rituales religiosos, como la preparación de matzá para la Pascua.

Se les describía como personas con narices grandes, avariciosos, acaparadores de tesoros y marginados, conspirando contra los cristianos.

Se crearon muchas historias como advertencia tras descubrirse que niños cristianos desaparecidos eran víctimas de sacrificios/asesinatos rituales judíos en toda Europa, lo cual ocurrió durante siglos.

En "Hansel y Gretel", el horno de la bruja y la ingestión de niños evocan historias en las que los judíos eran acusados ​​de hornear niños o usar sus restos.

Motivos similares aparecen en otros cuentos, como la bruja de "Rapunzel" (Madre Gothel) que secuestra a un niño con fines mágicos.

La propia colección de los Grimm incluye cuentos como "El judío entre las zarzas" y leyendas como "La niña asesinada por judíos".

Esto no es antisemita, es simplemente un hecho histórico. La verdad importa.


viernes, 27 de marzo de 2026

Alejandro Magno: La táctica de la ratonera

 𝗖Ó𝗠𝗢 𝗗𝗘𝗧𝗘𝗡𝗘𝗥 𝗔 𝗨𝗡 𝗧𝗔𝗡𝗤𝗨𝗘 𝗘𝗡 𝗟𝗔 𝗔𝗡𝗧𝗜𝗚Ü𝗘𝗗𝗔𝗗 🐎🚜

El Rey Darío de Persia tenía un arma secreta para aplastar a Alejandro: los Carros Falcados. Eran carros de guerra con cuchillas giratorias en las ruedas diseñadas para cortar piernas y sembrar el pánico.

Cualquier ejército normal habría huido aterrorizado. Alejandro, en cambio, entrenó a sus hombres para hacer algo contra-intuitivo: quedarse quietos.

Diseñó la táctica de la Trampa para Ratones. Cuando los carros cargaban, las filas macedonias se abrían creando pasillos vacíos. Los caballos, por instinto, corrían por el camino libre en lugar de chocar contra los hombres. Una vez que el carro pasaba por el pasillo sin tocar a nadie, los soldados de la retaguardia lo rodeaban y eliminaban al conductor. Neutralizó la superarma persa sin perder apenas hombres.



miércoles, 25 de marzo de 2026

Proceso de Reorganización Nacional: ¿Y si ganaba la guerrilla?

50 años del golpe militar. Ucronía del 24 de marzo: ¿y si ganaba la guerrilla?

  • El golpe militar del 24 de marzo de 1976 no fue un rayo en cielo sereno. Hacía años que muchos presagiaban que el gobierno peronista terminaría de ese modo. La situación política era ya insostenible. Los grupos guerrilleros habían logrado construir una situación de caos que se tornaba irrespirable.

La Voz


Daniel V. González





Hay temas sobre los cuales quienes comentan la política y la historia reciente prefieren no escribir. Los motivos pueden ser diversos. Sea porque suponen recuerdos ominosos, sea para evitar transitar en medio del fuego cruzado de pasiones que sobreviven pese al tiempo transcurrido.

Jorge Luis Borges decía que “quizá el futuro sea irrevocable, pero el pasado no lo es, ya que cada vez que recordamos algo, lo modificamos. Ya sea por pobreza o riqueza de nuestra memoria”. Concluía que “es más fácil modificar el pasado que el futuro”.

El golpe militar del 24 de marzo no podía quedar fuera de los cimbronazos y de los cambiantes humores de la memoria de los argentinos. Transcurrido medio siglo, podríamos decir que se trata de un hecho lejano, que ya forma parte de la historia, pero es evidente que su larga sombra se proyecta todavía sobre el presente y su discusión aún desata fervores y apasionamientos.

Pasado el tiempo, lo que sí se esfuma es nuestra conciencia sobre el conjunto de ideas, creencias, certezas, convicciones, pensamientos, contextos, ideologías, conceptos vigentes y demás elementos que configuran lo que puede denominarse como “espíritu de época”.

Con los años, es inevitable que nuestros juicios sobre los hechos del pasado puedan estar contaminados por parámetros actuales y por olvidos selectivos. Y esto es algo que dificulta nuestra comprensión.

El poder a las Fuerzas Armadas

El golpe militar del 24 de marzo de 1976 no fue un rayo en cielo sereno. Hacía años que muchos presagiaban que el gobierno peronista terminaría de ese modo. La situación política era ya insostenible. Los grupos guerrilleros habían logrado construir una situación de caos que se tornaba irrespirable.

La situación era similar en muchos países de América latina. No era un clima apto para que la democracia pudiera instalarse y sobrevivir. En mayo de 1970, el grupo Montoneros secuestró y asesinó a Pedro Eugenio Aramburu, y dio así comienzo a un nuevo nivel en la escalada de terror.

Desde su exilio, Perón alentó la lucha armada pues se entendía que, desde su expulsión del poder en 1955 y su proscripción, toda forma de lucha estaba legitimada para que las garantías constitucionales y el sistema democrático de gobierno pudieran restablecerse.

Tras el triunfo de Héctor Cámpora en marzo de 1973, con la liberación de los guerrilleros presos, todo parecía encausarse hacia una paz democrática. Pero no fue así de ningún modo. Aun con la democracia recuperada y Perón en la presidencia por abrumadora mayoría, la guerrilla continuó con los actos de terrorismo.

En septiembre de ese año, dos días después del triunfo de Juan Domingo Perón con el 62% de los votos, Montoneros asesinó al líder de la CGT, José Ignacio Rucci, en abierto desafío al propio presidente.

Los asesinatos de militares, políticos y gremialistas continuaron a la orden del día. También la toma de cuarteles. Tras los enfrentamientos en el intento de copamiento de la guarnición de Azul (enero de 1974), Perón enfureció y propuso que “el reducido grupo de psicópatas sea exterminado uno a uno, para bien de la República”.

Pero pocos meses después Perón murió, y a partir de entonces el golpe militar parecía inminente, aunque tardó casi dos años en concretarse.

Quienes hemos vivido esos años sabemos que los militares fueron recibidos con alivio por una amplia mayoría de la población que deseaba, en primer lugar, el restablecimiento de la paz. Los combates continuaron y rápidamente las Fuerzas Armadas lograron abatir el accionar terrorista.

Puntos de vista cambiantes

En el prólogo del informe de la Conadep, redactado por Ernesto Sabato, puede leerse: Durante la década de 1970, la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países.

A continuación, el informe destaca que Italia combatió a las Brigadas Rojas dentro de la ley, mientras en la Argentina, los militares incurrieron en el asesinato y la desaparición de prisioneros desarmados, cuestionamiento inobjetable que justificadamente se les imputa y que fue la base de las condenas originales, en tiempos de Raúl Alfonsín.

Los indultos de Carlos Menem fueron anulados en tiempos de Néstor Kirchner, quien además suprimió el párrafo citado del libro Nunca más porque entendía que enunciaba la “teoría de los dos demonios”. Muchos militares volvieron a la cárcel, mientras los guerrilleros eran indemnizados y, en no pocos casos, valorados como héroes.

Pero con el paso de los años muchos libros publicados han ido añadiendo nuevos elementos al debate.

Graciela Fernández Meijide, Juan Bautista Yofre, Ceferino Reato, Héctor Ricardo Leis y, en Córdoba, la discusión originada por la carta de Oscar del Barco a la revista La Intemperie han ido poniendo las cosas en su lugar, al añadir puntos de vista distintos, más críticos del terrorismo guerrillero.

Otro escenario

Se llama ucronía a la historia que no existió, a la que se construye a partir de hipótesis de hechos que no sucedieron. En este caso, una versión conjetural podría partir de esta pregunta: ¿qué hubiera sucedido en la Argentina si el combate entre la guerrilla y el Ejército regular hubiese sido ganado por los terroristas?

¿Convenía al país que eso sucediera?

Pero hay más preguntas: ¿los militares fueron demonios, y los guerrilleros, héroes y mártires?

Afirmar, contra toda evidencia, que los desaparecidos fueron 30 mil, ¿no es una forma de negacionismo?

¿Es justo que permanezcan casi 3.000 militares entre procesados y condenados, y ningún terrorista?

Y finalmente: ¿no es hora ya de dar vuelta la página y mirar hacia adelante?

Que cada uno construya sus propias respuestas.

Analista político

domingo, 22 de marzo de 2026

JMR: La batalla de Caseros y su desarrollo

La Batalla de Caseros y los hechos que merecen ser recordados

Por Horacio Callegari (CMN)



1. Contexto y situación previa a la batalla

La batalla de Caseros, librada el 3 de febrero de 1852, constituye uno de los episodios militares decisivos de la historia argentina. Enfrentó al Ejército Grande comandado por el general Justo José de Urquiza contra las fuerzas federales de Juan Manuel de Rosas. Más allá de su dimensión estrictamente militar, el enfrentamiento significó el derrumbe del orden rosista y abrió el proceso que conduciría a la organización constitucional del país.

El 2 de febrero, Urquiza cruzó el río de las Conchas (actual Reconquista) por el puente de Márquez y avanzó hasta el arroyo Morón, donde constató la presencia de fuerzas federales desplegadas en las alturas de Caseros. La moral del Ejército Grande era alta, producto de una campaña exitosa y de avances sostenidos sin grandes obstáculos. En contraste, las fuerzas de Rosas llegaban a la confrontación con una moral debilitada tras sucesivas retiradas.

La noche previa al combate, Rosas reunió a sus mandos. El coronel Chilavert manifestó su desacuerdo con mantener una posición defensiva rígida en Caseros, pues consideraba que limitaba la maniobrabilidad. No obstante, la mayoría de los jefes federales optó por sostener la posición.

2. Despliegue inicial y orden de batalla

Ejército de Urquiza

En la madrugada del 3 de febrero, el Ejército Grande cruzó el arroyo Morón. La caballería lo hizo por vado; la infantería y la artillería utilizaron un único puente, lo que obligó a concentrar la marcha en columna, maniobra que fue disimulada mediante movimientos de caballería (Virasoro).

Hacia las 7:30, Urquiza desplegó aproximadamente 24.000 hombres y 50 piezas de artillería a un kilómetro de las posiciones rosistas.

La disposición fue la siguiente:

  • Centro-frente (Casa de Caseros): División Oriental.

  • Ala izquierda: División Brasileña apoyada por la Brigada Rivera y 28 piezas de artillería al mando de Pirán.

  • Ala derecha: Cinco batallones bajo Galán y divisiones de caballería (Medina, Galarza, Avalos y Lamadrid).

  • Reserva: Divisiones de caballería de López y Urdinarrain.

Urquiza planteó una ofensiva combinada, con predominio de la maniobra de caballería como elemento decisivo.

Ejército de Rosas

Rosas contaba con aproximadamente 23.000 hombres, 50 piezas de artillería y 4 coheteras.

Su despliegue fue marcadamente defensivo:

  • Ala derecha: apoyada en la Casa de Caseros, con un “martillo” defensivo de carretas y apoyo de dos batallones; reserva de caballería.

  • Sector entre Casa y Palomar: dos batallones con artillería.

  • Reducto del Palomar: infantería en triple línea, artillería y coheteras.

  • Centro: tropas de Chilavert con 30 piezas de artillería.

  • Ala izquierda: caballería bajo Lagos.

  • Reserva general: divisiones de Sosa y Bustos.

Rosas optó por una defensa escalonada con puntos fuertes (Casa y Palomar) y un potente centro artillero.

3. Desarrollo del combate: maniobras principales

Inicio del fuego

Apenas pasadas las 8:00, las baterías rosistas abrieron fuego, obligando a retroceder inicialmente a la artillería brasileña. Esto muestra que el primer impulso fue federal, intentando desorganizar el despliegue enemigo.

Ataque principal de Urquiza: ruptura del ala izquierda rosista

Cerca de las 9:00, Urquiza lanzó su ofensiva decisiva: una carga masiva de caballería contra el ala izquierda de Rosas.

  • Medina atacó frontalmente a los lanceros de Lagos.

  • Lamadrid intentó envolver el ala federal.

  • Medina fue inicialmente rechazado, pero en una segunda carga logró desorganizar a los lanceros.

  • Rosas envió su reserva (Sosa y Bustos).

  • Urquiza respondió con Galarza y Avalos, cuya intervención fue decisiva.

La caballería federal cedió ante la presión sostenida y la coordinación superior del Ejército Grande. El ala izquierda rosista comenzó a desmoronarse.

Lamadrid, por exceso de desplazamiento lateral, no llegó a intervenir decisivamente, lo que muestra cierta falta de coordinación en el ala derecha de Urquiza, compensada por la superioridad numérica y moral.

Ataque al centro y a la Casa de Caseros

Simultáneamente, Urquiza ordenó el avance de su ala izquierda:

  • La División Oriental (coronel Díaz) avanzó hacia el Palomar.

  • Se formó en ángulo respecto del ala rosista.

  • Urdinarrain se posicionó detrás de un bosquecillo.

El batallón de Voltígeros intentó tomar la Casa de Caseros, pero el ataque inicial se frenó por falta de sincronización con la división brasileña y las tropas de Galán.

Cerca del mediodía, el ataque se reanudó con éxito:

  • Pereyra Pintos neutralizó la resistencia en la Casa.

  • Galán obligó a retroceder a la Brigada Díaz.

  • La División Oriental ocupó la Casa de Caseros.

Resistencia final del centro rosista

El centro, comandado por Argentino Díaz con apoyo artillero de Chilavert, resistió con firmeza.

Sin embargo:

  • Fue embestido por las fuerzas de Galán.

  • Ambos jefes depusieron las armas.

  • El dispositivo defensivo rosista colapsó.

Hacia las 14:00, la batalla estaba decidida. El campo dejaba unos 400 muertos.

4. Desorganización y violencia final

El autor subraya episodios de indisciplina:

  • Soldados rosistas ultimaron a oficiales que intentaban frenar la retirada.

  • Caso emblemático: el coronel Hernández, muerto por sus propios hombres.

Además, tras un incidente de fuego a quemarropa en la Casa de Caseros, las tropas vencedoras respondieron con violencia, generándose escenas de masacre.

Aquí cae el doctor Claudio Cuenca, médico y poeta, considerado el “mártir de Caseros”, muerto en circunstancias trágicas mientras intentaba mediar.

5. La retirada y la doble renuncia de Rosas

Derrotado, Rosas inició una retirada estratégica con pocos acompañantes.

En el trayecto su yegua “Victoria” tropezó, episodio que la tradición recogió como simbólico (origen del nombre “Tropezón”).

Rosas redactó dos renuncias:

  • Una, con lápiz y en el campo.

  • Otra, en Londres.

Ambas mencionan que estaba herido en la mano derecha.

La duplicidad responde a correcciones formales y desprolijidades del primer documento.

6. Hechos poco recordados

El artículo rescata aspectos no estrictamente militares:

Purvis, el perro de Urquiza

Mencionado por Sarmiento, acompañó toda la campaña. Simboliza fidelidad y presencia constante en la empresa militar.

El ombú de Caseros

Árbol histórico, declarado monumento en 1946. Ya no existe. Se convirtió en símbolo paisajístico de la batalla.

El monte de durazneros

Alimentó a la población porteña.

Medallas de Caseros

Argentina no otorgó condecoraciones.
Uruguay y Brasil sí lo hicieron, estableciendo distinciones por jerarquía (oro, plata, latón, zinc).
También existió el botón militar “Federación Urquiza o Muerte”.

7. Conclusión

La batalla de Caseros fue una confrontación decisiva, donde:

  • Rosas adoptó una defensa estática con puntos fuertes y potente artillería central.

  • Urquiza ejecutó una ofensiva móvil basada en cargas de caballería y ataques combinados.

La ruptura del ala izquierda rosista y la ocupación de la Casa de Caseros desarticularon el sistema defensivo federal.

No fue solo una victoria táctica: significó el colapso del régimen rosista y el inicio del proceso de organización nacional.

El artículo, además de reconstruir las maniobras militares, integra memoria, símbolos y consecuencias humanas, ampliando la comprensión de Caseros más allá del campo de batalla.

Citas Bibliográficas

  1. CALLEGARI, H.; (2017); Historia del Partido de Tres de Febrero y sus localidades, Buenos Aires, Ediciones 3F.
  2. COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN; (1969); El Museo Histórico del Palomar de Caseros, Morón, CMN.
  3. GARCIA ENCISO, I.; (1970); Historia del Colegio Militar de la Nación; Buenos Aires, Círculo Militar.
  4. LEGUIZAMÓN, M.; (1926). Hombres y Cosas que pasaron; Buenos Aires, Lajoune &Cía.
  5. MORENO, C.; CALLEGARI, H.; (2018); La antigua chacra de Diego Casero, Buenos Aires, Ediciones 3F.
  6. SALDÍAS, A.; (1907); Papeles de Rozas, La Plata, tomo 2 (pág. 246-254), Talleres Gráficos Sesé, Larrañaga y Cía.
  7. ZUBIZARRETA, I.; RABINOVICH, A.; CANCIANI, L.; (2022). Caseros, la batalla por la organización nacional; Buenos Aires. Sudamericana

sábado, 21 de marzo de 2026

Mongoles vs China: La dieta y logística mongola vencen a China

La dieta mongola vs la dieta china





1220s, China. Los estrategas militares chinos están estudiando la invasión mongola con una confusión genuina. No miedo: confusión. La logística no cierra.

Un ejército chino necesita trenes de abastecimiento enormes: grano, verduras secas, equipo de cocina, leña. Por cada 1.000 soldados, necesitás más de 50 carretas de suministros. El ejército se mueve a la velocidad de sus abastecimientos, y eso es lento.

Los mongoles no tienen nada de eso. No hay tren de suministros. No hay carretas de equipaje. No hay camp followers llevando comida. Cada guerrero lleva odres de cuero con leche de yegua fermentada (kumis) y carne seca. Eso es todo.

Los observadores chinos lo registran, desconcertados: “Los mongoles avanzan 60–80 millas por día sin llevar provisiones. Consumen leche de sus caballos y carne seca. No necesitan fuego, ni cocina, ni descanso para abastecerse”.

Los chinos no pueden replicarlo. Sus soldados necesitan comida caliente. Sus caballos necesitan forraje de grano. Su infraestructura de abastecimiento es sofisticada, pero inflexible. Los mongoles no tienen infraestructura: ellos son la infraestructura.

Esto es lo que en serio comían los guerreros mongoles mientras conquistaban media humanidad conocida:

A la mañana: kumis en odres de cuero. Leche de yegua fermentada, levemente alcohólica, estable durante semanas. 1–2 litros aportan 800–1.200 calorías, proteína completa, vitaminas y probióticos.

Al mediodía: nada. A caballo. A veces, sangre de sus caballos: sacaban pequeñas cantidades de una vena, la tomaban fresca y luego sellaban la herida. Los caballos lo toleran bien. Los guerreros conseguían hierro, proteína e hidratación.

A la noche: carne seca (borts). A menudo cordero; a veces caballo. Secada al aire hasta quedar dura como una piedra. Se conserva indefinidamente. La mastican despacio mientras cabalgan al día siguiente. Mucha proteína, mucha grasa, cero preparación.

Esa dieta es metabólicamente perfecta para la guerra montada. La grasa y la proteína dan energía sostenida sin picos de insulina. No cocinar significa no generar humo que delate posiciones. No tener tren de suministros significa movilidad ilimitada. No depender del grano significa no tener que frenar a forrajear.

Los chinos comen gachas de mijo. Eso exige: depósitos de grano, equipo de cocina, combustible, agua, tiempo para preparar, tiempo para comer, tiempo para digerir. Sus soldados quedan atados a las líneas de suministro por necesidad fisiológica.

Los mongoles comen grasa y lácteos fermentados. Eso exige: caballos (que ya están montando) y carne seca (preparada meses antes). Pueden comer mientras cabalgan. Pueden cabalgar todo el día. Pueden cubrir distancias que los ejércitos chinos consideran imposibles.

La ventaja militar es tan abrumadora que parece sobrenatural. Los exploradores chinos informan ejércitos mongoles apareciendo a 100 millas de donde estaban ayer. Parece imposible. No es imposible. Es kumis.

El registro histórico es claro: los comandantes chinos documentan esa ventaja explícitamente. Entienden qué pasa. Simplemente no lo pueden copiar. Sus soldados se niegan a tomar leche de yegua fermentada. No quieren consumir sangre de caballo. Insisten en comidas de grano cocidas.

Los mongoles no tienen mejores armas ni números superiores. Tienen mejor logística, y esa logística sale de una dieta superior. Un ejército chino necesita 3–4 toneladas de grano por día por cada mil soldados. Un ejército mongol necesita los caballos que ya está montando.

No es “espíritu guerrero” místico. Es eficiencia metabólica traducida directo en dominio militar. La civilización que perfeccionó la burocracia, inventó la pólvora y construyó la Gran Muralla perdió contra leche fermentada y carne seca.

Para 1279, los mongoles conquistan China. La dinastía Song, con cadenas de suministro sofisticadas, metalurgia avanzada y millones de soldados, cae ante un ejército que toma leche de caballo y no necesita tren de abastecimiento.

Los mongoles no ganaron porque fueran “más salvajes”. Ganaron porque su dieta les permitió un ritmo operativo que los chinos no podían igualar. Mientras los ejércitos chinos se frenaban a cocinar arroz, los mongoles metían otras 40 millas.

Tus antepasados lo entendían: en la guerra, la logística lo es todo. Y en la logística, la dieta lo es todo. Gana el bando que puede moverse más rápido y más lejos sin reabastecerse. Y ese no era el bando que comía granos.

viernes, 20 de marzo de 2026

Guerra de Kargil: Entierro de pakistanies

Entierro de pakistaníes




Soldados indios entierran a soldados paquistaníes caídos según rituales islámicos después de que Pakistán se negara a aceptar sus cuerpos, guerra de Kargil, 1999.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Egipto Antiguo: Su nombre acadio

Origen del nombre Egipto




Los babilonios fueron los primeros en usar el nombre Egipto (mu-su-ri) para referirse a Egipto, y esto se encuentra en las cartas de Amarna enviadas entre los reyes casitas de Babilonia y los reyes de Egipto. Los egipcios, en cambio, desconocían este nombre para su país hasta que lo adoptaron de los babilonios. El nombre Egipto se encuentra en acadio. Significado (territorio vecino).



martes, 17 de marzo de 2026

Japón Imperial: La Restauración Meiji

La Restauración Meiji





1868, Japón. Comienza la Restauración Meiji. El emperador Meiji tiene una obsesión: hacer a Japón lo bastante fuerte como para resistir la colonización occidental.

Sus asesores estudian los ejércitos occidentales y encuentran algo inesperado: los soldados occidentales miden unos 10 centímetros más y son significativamente más fuertes que los soldados japoneses.

El diagnóstico: la dieta. Los japoneses comen arroz y pescado. Los occidentales comen carne vacuna y lácteos.

Meiji emite un decreto extraordinario en 1872: el propio Emperador comerá carne vacuna en público para impulsar la adopción nacional de una dieta con carne.

Esto es radical. El budismo prohíbe el consumo de carne. 1.200 años de tradición religiosa sostienen que comer carne es moralmente incorrecto.

A Meiji no le importa. Come carne vacuna en ceremonias públicas. Declara que comer carne es un acto patriótico.

Los sacerdotes tradicionales se horrorizan. Meiji los ignora. No está construyendo un Estado religioso. Está construyendo una potencia militar.

Los resultados son asombrosos: en el lapso de una generación, la altura promedio japonesa aumenta varios centímetros. La capacidad militar se transforma. Para 1905, Japón derrota a Rusia —una potencia occidental— en una guerra.

Imposible sin el cambio de dieta. El Japón de la década de 1860 no podría haber ganado. El Japón de 1905, criado a base de carne, se impuso.

Analistas militares de todo el mundo estudiaron las tácticas, el entrenamiento y el equipamiento japoneses. Casi ninguno mencionó la revolución nutricional que hizo posible todo lo demás.

Porque revelaba una verdad incómoda: las poblaciones que comen arroz pierden contra las poblaciones que comen carne en conflictos militares.

No se puede admitir eso sin poner en cuestión los sistemas alimentarios basados en granos que sostienen a la mayor parte de Asia.

Así, la reforma cárnica de Meiji queda como una nota al pie en los libros de historia, mientras las victorias militares se analizan hasta el cansancio.

Pero la conducción militar japonesa lo sabía. Los informes de posguerra atribuían explícitamente el cambio de dieta como condición habilitante del ascenso de Japón.

Habían hecho el experimento: misma genética, misma cultura, distinta dieta. La generación que comía carne derrotó al imperio europeo.

Para 1920, Japón ya era una potencia mundial. Para 1940, estaba conquistando el Pacífico.

Sus soldados comían 300 g de carne por día. Sus enemigos en China y el Sudeste Asiático comían arroz. La diferencia física era evidente en los reportes de combate. Los soldados japoneses tenían más resistencia, se recuperaban más rápido y mostraban una fuerza superior.

Esto no era “espíritu samurái” ni código Bushido. Era bioquímica. Soldados alimentados con carne rinden mejor que soldados alimentados con granos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el consejo dietario cambió. Se alentó a Japón a volver a dietas tradicionales, pesadas en arroz.

Las autoridades de ocupación promovieron explícitamente el consumo de arroz y desalentaron comer carne. Lo llamaron “volver a los valores japoneses”.

Qué casualidad que eso pasara después de que Japón mostrara lo que podían lograr soldados asiáticos alimentados con carne.

La lección era clara: si mantenés a las poblaciones a granos, siguen siendo controlables. Si les das carne, se vuelven peligrosas.

Meiji entendía esto. Por eso comía carne vacuna en público.
Las autoridades de ocupación también lo entendían. Por eso promovieron el arroz después de la guerra.

domingo, 15 de marzo de 2026

SGM: La disentería de las tropas imperiales en Bougainville

La disentería de las tropas japonesas en Bougainville



Tuve la oportunidad de hablar con un soldado que estuvo en Bougainville durante la Segunda Guerra Mundial. No participó en los combates más desesperados. De hecho, llegó en junio del 44, se quedó solo unas semanas y luego fue trasladado de nuevo.

Me contó dos datos interesantes sobre la lucha por Bougainville. Primero, todos los soldados enviados allí tenían un curso para sobrevivir en la selva si se quedaban aislados. Al llegar, los soldados que llevaban más tiempo allí le dijeron que era una completa pérdida de tiempo. Preguntó: "¿Por qué? ¿Es errónea la información?". Dijeron: "No. Pero si te separan de las líneas, los japoneses te matarán mucho antes de que necesites buscar comida en la selva".



Vio a los pocos prisioneros japoneses que tomaron en un campamento. El guardia le dijo que todos los soldados japoneses habían tenido disentería al ser capturados. También comentó que el intérprete del interrogador le había dicho que los japoneses informaron que todos sus soldados padecían diarrea crónica y, generalmente, disentería.

Los estadounidenses tenían pastillas de Halazone. Y cada vez que llenabas la cantimplora, siempre tenías que machacar Halazone o te metías en un buen lío. El Halazone mataba la bacteria de la disentería. Los japoneses no tenían Halazone, así que todos sufrían de diarrea.

Bougainville, por supuesto, fue una gran victoria estadounidense, pero el hombre con el que hablé había conocido a muchos soldados que participaron en el gigantesco ataque japonés de marzo. Dijeron que, si el ataque japonés hubiera tenido éxito, habrían aniquilado la base estadounidense y las cifras de bajas habrían sido muy diferentes (es decir, un gran número de muertos estadounidenses y un número menor de muertos japoneses).



Pero como dijo, el ataque japonés estuvo a punto de ocurrir. Pero piensen: todos los soldados japoneses en el asalto sufrieron diarrea. ¡Imagínense intentar luchar con disentería! Así que mi conclusión es que Halazone ganó la batalla de Bougainville.

Si los estadounidenses no hubieran tenido Halazone, o si los japoneses lo hubieran tenido, la batalla podría haber tenido un resultado totalmente diferente. ¡Viva la ciencia, supongo!

sábado, 14 de marzo de 2026

Biografía: Aspectos de la vida de San Martín

El San Martín que no conocemos


 
Su comida preferida era el asado, que casi siempre comía con un sólo cubierto: 
El cuchillo. 

Era muy hábil en comer así. 
 Solía morder un pedazo de carne, y como los paisanos, cortaba el sobrante con un cuchillo afilado. 
 ¡Había quienes se maravillaban que no se cortara la nariz! 

No le gustaba el mate. 
 Pero era un apasionado del café. 
 Y como era muy "pillo", conocedor intimo del alma del soldado, para no "desairar" a sus muchachos, tomaba café con mate y bombilla. 

Conocía mucho de vinos. 
 Y podía reconocer su origen con sólo saborearlo. 
 Era un empedernido fumador de tabaco negro, que el mismo picaba, para luego prepararse sus cigarros. 

Era muy buen jugador de ajedrez, y realmente era muy difícil ganarle. 
 Se remendaba su propia ropa. 
 Era habitual verlo sentado con aguja e hilo, cosiendo sus botones flojos o remendando un desgarro de su capote, el cual, abundaba de ellos. 

Usaba sus botas hasta casi dejarlas inservibles. 
 Más de un vez las mandaba a algún zapatero remendón, para que les hagan taco y suela nuevos. 

Predicaba con el ejemplo. 
 El mismo enseñaba el manejo de cada una de las armas, como lo atestiguan las melladuras del filo de su Corvo, inigualable instrumento de enseñanza de la esgrima. 

Y jamás, daba una orden a sus subordinados, que él mismo no pudiera cumplir. 
 Su palabra era santa, y para sus hombres era ley. 

Era muy buen pintor de marinas. 
 Él mismo decía que si no se hubiera dedicado a la milicia, bien podría haberse ganado la vida pintando cuadros. 

Era muy buen guitarrista, habiendo estudiado en España con uno de los mejores maestros de su época.  
 Hablaba inglés, francés, italiano, y obviamente español, con un pronunciado acento andaluz. 

Tenía la costumbre de aparecerse por el rancho, y pedirle al cocinero que le diera de probar la comida que luego comería la tropa. 
 Quería saber si era buena la comida de sus muchachos.

 Y allí mismo, en la cocina, la comia de parado. 
 Luego de comer, dormía una siesta corta, de no más de una hora, para luego levantarse y volver al trabajo. 

Aquella famosa frase Sanmartiniana que dice: 
 "De lo que mis Granaderos son capaces, sólo lo sé yo.  
 Quién los iguale habrá, quién los exceda, no".

 Originalmente era "De lo que mis muchachos son capaces...". 

En Campaña, era el último en acostarse, después de cerciorarse que todos los puestos de guardia estuviesen cubiertos, y el resto de la tropa descansando. 

Y para cuando empezaba a clarear el sol en el horizonte, hacía rato que el General contemplaba el alba.   


Créditos: Ruben Colo Leon

viernes, 13 de marzo de 2026

Argentina: Sarmiento y Mitre hijo

Sarmiento y Mitre hijo







Fotografía que retrata a Domingo Faustino Sarmiento, en su función como ministro plenipotenciario de la Argentina ante los Estados Unidos, en compañía de su secretario Bartolomé Mitre y Vedia, hijo del presidente Bartolomé Mitre, en Nueva York en el año 1867. 

"Bartolito" Mitre ofició como intérprete y traductor del idioma inglés para Sarmiento durante toda su estancia en los Estados Unidos. También tuvo la difícil tarea de comunicarle a Sarmiento el fallecimiento de su hijo, y amigo de toda la vida del emisor, Dominguito, en septiembre de 1866, durante la batalla de Curupaytí, en la guerra del Paraguay.